oyola (Guipúzcoa) 12/09/05 (Veritas) Mañana comienza en el Santuario de Loyola la XXX Semana de Estudios Monasticos, organizada por la Sociedad de Estudios Monásticos (SEDEM). Esta sociedad civil y cultural, constituida en el año 1963, tiene como objetivo el fomento o incremento de los estudios monásticos y la celebración periódica, bianual, de Semanas de Estudio y Espiritualidad Monástica.
Según explicó a Veritas la Hna. María Pilar Tejada, de la congregación de las Benedictinas y secretaria del SEDEM, ?durante bastantes años estas Semanas se orientaron fundamentalmente a realizar estudios científicos de los diversos aspectos de lo que podríamos llamar la tradición monástica. El nivel era de tal altura que participaban mayoritariamente personas eruditas muy especializadas en el tema. Exclusivamente varones: monjes y laicos cualificados?.
?Con el paso del tiempo un gran número de nuestros monasterios, sensibilizados a la importancia del tema de la formación empezaron a acudir a las Semanas, en concreto en la XX Semana celebrada en Valladolid donde hubo una presencia muy notable de monjas de las diferentes tradiciones y entraron a formar parte de la Asociación viéndose entonces la conveniencia de dar una nueva orientación y enfocar estas Semanas de cara a la Comunidades como un plan de formación de espiritualidad y profundización del carisma monástico, sin perder el carácter inicial de estudios?, añadió.
El objetivo de la presente edición es profundizar en la identidad y en los principales rasgos del testimonio en la vida monástica, no solo desde la tradición, sino sobre todo desde el desafío que nos presenta la sociedad actual.
Hablarán el profesor de la Facultad de Teología de Vitoria Saturnino Gamarra con el título ?Testigos del Dios de Jesucristo?; o ?Testigos en medio de la búsqueda plural? por Ramón Álvarez, osb. Del monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos). Otros ponentes serán: José García Paredes, cmf., Pius-Ramón Tragan, osb, y Joan-Carles Elvira del Monasterio de Montserrat, el abad primado, osb, y el abad General, ocso, llegados ambos desde Roma; Alejandro Masoliver, O. Cist., del monasterio de Poblet (Tarragona); María Reis, osb. del monasterio de Roriz (Portugal); Enrique Mirones, ocso. Sobrado de los Monjes (La Coruña).
Para María Pilar Tejada, ?las comunidades de vida contemplativa han sido siempre signos del evangelio en las sociedades en las que se han insertado. En la nuestra, caracterizada por el hedonismo, materialismo, creciente secularización, relativismo ético ausencia de valores y sentido, juegan un papel importante, como signos de la búsqueda radical de Dios?.
?Las comunidades contemplativas son lugares del Espíritu, del testimonio de que Dios es lo único necesario, y que desde el El la vida tiene pleno sentido. Signos de que la vida en Dios tiene un horizonte de Trascendencia. Son pues una respuesta al materialismo, al sinsentido social. Y recuerdan a la Iglesia su vocación profunda de Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu?, explicó.
?Por otro lado serían también signos proféticos de la novedad del Evangelio. En una sociedad inclinada a la homologación, al dictado de la moda, al dominio de los medios de comunicación, a los falsos valores, las comunidades contemplativas tratan del hacer florecer la novedad traída por el Señor Jesús, y de la renovación del mundo. Signos, pues, de lo esencial y de lo auténtico. Y recuerdan a la Iglesia su vocación de luz del mundo y sal de la tierra, por su fidelidad a la Buena Nueva de Jesús?.
?En tercer lugar serían signos de fraternidad profunda y verdadera. Uno de los grandes problemas del mundo actual es el individualismo, el "dominio del uno" aislado de los demás. Por sus votos religiosos, expresión de su vocación fraterna, las comunidades dan testimonio de una unidad de bienes que lleva a la unidad de corazones, fundada en el amor y la común convocatoria de Dios. Y recuerdan a la Iglesia su vocación de familia de hermanos, y levadura de la comunión fraterna de la Humanidad?.
?En cuarto lugar sería Signos de totalidad. En su experiencia profunda las comunidades contemplativas recogen la amplitud del Cosmos, la originalidad del hombre en él, el dilatarse de la historia, desde los orígenes, la providencia de Dios sobre todos los hombres tiempos y lugares. Y recuerdan a la Iglesia su vocación de fermento de la unidad de la Creación y de la vida?.
?Y por último, Signos escatológicos . Las comunidades contemplativas son testigos del mundo nuevo que Dios nos está preparando; del destino final de la Creación y de la Historia. Por su oración y dimensión contemplativa, por su búsqueda radical de Dios con la que empezamos estas reflexiones, las comunidades religiosas tienen presente el horizonte de consumación final de la realidad. Todo ha salido de Dios, y a É l debe volver?, concluyó.