ranada, 15/03/06 (Veritas) - Monseñor Javier Martínez, arzobispo de Granada, ofrece a los sacerdotes -y a los cristianos en general- algunas pautas para desarrollar su vocación en el nuevo contexto nihilista, y considera que el cristianismo debe situarse "más allá de la crítica", aprendiendo de ella.
El prelado aborda estas cuestiones en una extensa carta escrita con motivo del Día del Seminario, que se celebrará en la Fiesta de San José, el próximo domingo 19 de marzo.
Monseñor Martínez recuerda que "los cristianos hasta cierto punto, y más aún los sacerdotes, estábamos acostumbrados hasta hace nada a vivir en un mundo, al menos exteriormente cristiano, o en un mundo donde las categorías y los valores cristianos, o derivados de la experiencia cristiana, se podían dar por supuestas". Pero a continuación añade: "Hoy no es así. Y eso cambia profundamente las circunstancias, y en un cierto sentido también los modos, en que se vive y se comunica la fe, para todos los cristianos y también para los sacerdotes".
El arzobispo de Granada propone no ignorar "la crítica moderna a la religión" y afirma que un "estudio honesto y sincero de esas objeciones no puede sino purificar la fe, enriquecerla hacerla más consciente y más libre". Es más, el prelado sugiere que se tomen "absolutamente en serio todos los aspectos de verdad que puede haber en ella".
Para "situarse más allá" de la crítica a la religión, pide que el Cristianismo no sea "vivido como una rutina o como un residuo tradicional; tampoco como una ideología o como un código moral; y tampoco como algo tan distanciado y aislado de la vida real, tan confinado a eso que en el mundo moderno se llama "lo religioso", que en realidad no incide en nada de lo que interesa al hombre, no tiene nada que ver con la realidad".
Monseñor Martínez cree que "para que la construcción de la Iglesia pueda ser fecunda en este momento de la historia, cuando tantas gentes ya no tienen vínculo alguno con la tradición cristiana ni con sus categorías fundamentales es preciso recuperar, como decía Juan Pablo II en la Novo millenio ineunte, "la primacía de la gracia"".
"No somos conscientes de hasta qué punto hemos perdido el sentido de la gracia en la vida cristiana. Y esa pérdida de la categoría de la gracia, esa reducción del Cristianismo a compromiso o a ley, pone de manifiesto la profundidad de nuestra secularización interna", puntualiza.