CONGRESO AP. SEGLAR//
La segunda jornada del Congreso de Apostolado Seglar convocado por la Conferencia Episcopal Española que se está desarrollando en el Palacio Municipal de Congresos del Parque Ferial Juan Carlos I contó esta mañana con una ponencia sobre la "llamada a la santidad", a cargo de la periodista Cristina López Schlichting.
A la "llamada a ser cristiano" desarrollada por monseñor Fernando Sebastián en su ponencia de ayer le ha seguido hoy esta "llamada a la santidad" que se continuará asimismo esta tarde con "la llamada a la misión", que explicará el filósofo Ignacio Sánchez Cámara.
Con un marcado tono personal, la ponencia de Cristina López Schlichting, titulada "Santo, es decir, hombre", tuvo como eje argumentativo la consideración de la santidad como algo no reducible a la moralidad.
Basada en su propia experiencia familiar, Cristina confesó que sus propios padres, agnósticos, eran "moralmente irreprochables", pero que no supieron responder a la pregunta insertada en su corazón acerca de "lo bello, lo bueno y lo verdadero" que ellos mismos habían contribuido a sembrar y que se veía "truncada con la experiencia del mal y la muerte".
La periodista aseguró que esta vivencia le ha ayudado a comprender a "nuestros contemporáneos, que ya no reciben de sus familias ni de su entorno la certeza sobre la positividad de la existencia ni su dimensión eterna".
En "la imposibilidad de ser totalmente buenos", cifró la periodista uno de los aprendizajes sobre la verdadera santidad: "con el tiempo comprendería que la experiencia del límite, de no llegar, es profundamente humana, es más, forma parte misteriosa del método de Dios para mantener viva en nosotros la pregunta sobre Él. Porque si nos bastásemos, si los hombres unidos pudiésemos hacer del mundo un lugar justo, bueno y bello ¿para qué lo querríamos a Él?"
La periodista reconoció que "en la vida de todo cristiano hay un antes y un después del encuentro con Cristo", y puso numerosos ejemplos, tomados del Evangelio y de santos más recientes, en los que esta experiencia se comprueba.
"¿Cómo es posible que una adúltera hable como una niña virgen?" se preguntó refiriéndose al pasaje evangélico en el que la samaritana se encuentra con Jesús. "Pues ocurrió -añadió-. Por eso hubo un antes y un después en la vida de aquella mujer, que salió corriendo a contárselo a todo el mundo".
Pensando en quienes buscan una y otro vez la felicidad detrás de un nuevo matrimonio, dijo que no se trata de "corruptos moralmente" sino de personas que experimentan que "el corazón quiere que la casa, los hijos, el marido, remitan al Ideal".
"Y una relación que no remita al ideal, por hermosa que sea, no le basta a un corazón despierto. Una relación que no fundamente una certeza para esta vida y para la otra, una certeza definitiva, no me sirve", añadió.
Por eso, según la periodista "un sólo matrimonio fundado en Él basta en medio de un mundo donde la gente se casa tres y cuatro veces y estoy hablando de hoy en día- y no consigue saciar su inquietud"; y por eso también "un monje, un eremita, un sacerdote enamorados de Él pueden ser plenamente felices sin mujer".
Cristina López Schlichting dijo con palabras de un amigo que "el cristianismo se expande gracias a la envidia", es decir, "al atractivo que descubro en otra persona y que me mueve a seguirla para ser como ella, para tener la alegría y la paz que tiene".
"Hay que buscar a estos santos y seguirlos, pegarse a ellos, no perderlos de vista", y el "método infalible" de su santidad es "comprobar si lo que dicen y hacen encuentra correspondencia con la pregunta de nuestro corazón".
En este sentido, recordando a "la gente que muere alegre y en paz, a los que viven una enfermedad y son fuente de gracia para los otros, a los que tienen un hijo discapacitado y son maestros de paternidad y maternidad, a los que ganan dinero construyen colegios o sostienen a los que tienen menos", afirmó que "en el pueblo de Dios pasan cosas que no pasan en otros lugares".
"Y no por mérito de los cristianos, sino por la gracia operante de Otro que revela Su Presencia y Su belleza imponente", añadió.
Citando una idea de Eloy Bueno de la Fuente, recordó "que los cristianos, desde el principio, se llamaban a sí mismos santos. Eran el pueblo de los santos de Dios. Porque la santidad debe ser entendida en clave de filiación de Dios, no como heroísmo personal. La fuerza del cristiano no es propia, le viene dada: "Es Cristo que vive en mí", decía San Pablo".
Otra idea importante de la ponencia fue que "el cristianismo es una cosa dinámica". La periodista la explicó diciendo que "no se produce una conversión inicial y todo cambia para siempre. No existe un momento de conversión y después un camino, para el cristiano existe sólo el tiempo de la conversión".
"No se puede "congelar" al Señor como si fuese un recuerdo hermoso. Es Él quien una y otra vez nos sale al encuentro, a veces contra nuestra voluntad, doblegando nuestros planes y nuestra resistencia, domándonos con su amor", añadió.
La justificación de la Iglesia tiene que ver con "el pueblo nuevo que brota continuamente de este acontecimiento de Cristo vivo y presente. De ahí nace la Iglesia, no de que nos juntemos. Él es la fuente, no nuestros diseños o proyectos".
En este sentido, añadió que "a veces hay algo de triste en los planes pastorales, comunicados, charlas y congresos de nuestra Iglesia" y sostuvo que "ningún plan pastoral va a poner en marcha, no ya a una comunidad, si siquiera a un solo hombre", porque "el hombre se mueve por un atractivo presente y reconocible".
"La Iglesia se muestra como un lugar maravilloso donde la verdadera humanidad, la que se ajusta al designio divino, se pone al alcance de todos. El bien es servir como piedra viva para la construcción de este edificio, para la edificación del cuerpo de Cristo".
Finalmente, la periodista habló del "paso de la libertad", sin el cual no hay santidad posible, y que calificó como "libertad que es obediencia".
"El hombre experimenta un vértigo ante este paso. Es como el chico que reconoce el atractivo de la mujer y aprende a amarla, pero que comprende el riesgo que supone entregarle la vida entera. Entiende que es tentadora la oferta y, sin embargo, experimenta un punto de resistencia. ¿En dónde radica el origen de esta resistencia? En saber que, tras el paso de la libertad, la vida ya no la rige uno sino que la deposita en manos de otro", dijo.
Cristina López Schlichting afirmó que le resultaba "fácil identificar este punto en su propia experiencia" cuando un amigo de Comunión y Liberación el movimiento al que más tarde se sumaría explicaba su reticencia a la invitación diciéndole: "Mira Cristina, llevas toda la vida poniendo las reglas del juego y jugando a tu manera. De eso se trata, de que por una vez sigas las reglas de Otro".
La periodista confesó que después de esa respuesta pensó: "lo que puedo conseguir por mis propias fuerzas ya lo sé, llevo 21 años de experiencia y no acaba de satisfacerme ¿y si Otro supiese de mí más que yo misma?"
"Desde entonces he aprendido que el método de la vida es el seguimiento. Que la iniciativa la plantea Él", añadió.
"Casi 20 años después me he convertido en una especie de lechuza especializada en mirar lo que me rodea y obedecer lo que Cristo indica a través de la realidad. En este camino mi matrimonio se ha salvado y crece, mi familia y mi trabajo se profundizan; mis amistades, mi esperanza y mi certeza aumentan. Es el mismo método que movió a los apóstoles a dejar las redes y seguirle. El mismo que cambió la forma de vida de Agustín, de Francisco Javier, de Edith Stein. Sólo le pido a Dios que algún día me haga la caridad de hacerme parecida a ellos", dijo finalmente.