a Iglesia particular de Salamanca celebra hoy la Fiesta de sus cuatro mártires, con una Eucaristía que presidirá esta tarde el obispo de la diócesis, monseñor Carlos López Hernández, y a la que asistirá también el padre Ángel Rodríguez, deán de la catedral y sobrino de Julián Rodríguez Sánchez, uno de los mártires.
Junto a Julián Rodríguez, el Papa Juan Pablo II beatificó el 11 de marzo de 2001 a otros tres sacerdotes salesianos originarios de Salamanca: Antonio Martín Hernández, Pedro Mesonero Rodríguez, y Eliseo García García.
Todos eran profesores en el Colegio Salesiano de Valencia, y fueron detenidos "bajo la acusación de ser sacerdotes y educadores cristianos de la juventud", recuerda el padre Ángel Rodríguez.
Este sacerdote, que tenía ocho años cuando fue fusilado su tío, no cree que Julián Rodríguez estuviera "ilusionado" por el martirio, "era un sacerdote joven, de cuarenta años -recuerda- con seis de sacerdocio y toda la ilusión apostólica por delante", pero "cuando surgieron las circunstancias, estuvo preparado".
El hoy deán de la catedral de Salamanca, cree que de alguna manera "la vida de sufrimientos por enfermedad y las pruebas en su vida", prepararon a Julián para "la prueba suprema del martirio".
Ángel Rodríguez destaca "el carácter martirial de la Iglesia de Cristo" y recuerda las palabras del Señor que lo anunciaba: "si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán".
Aunque este sacerdote cree que "en la sociedad actual, marcada por el materialismo y el consumismo feroz, no hay lugar para el sacrificio desinteresado", afirma también que "el martirio es la prueba suprema del amor (porque nadie tiene mas amor que el que da la vida) y el testimonio supremo de la fe".
En este sentido, Rodríguez valora la actitud de Juan Pablo II para reimpulsar el proceso de beatificación de los mártires salmantinos, al hacer "prevalecer el carácter martirial" que ha quedado separado de cualquier motivación política.
El sacerdote recuerda que los mártires salmantinos vivieron "la espiritualidad martirial" ya en la cárcel, antes de su ejecución: "los cuatro salesianos -afirma- estaban convencidos de que tendrían una muerte violenta", pero todos coincidían en que lo único que podrían decir al ser interrogados sobre qué habían hecho era: "nos hemos dedicado a la educación cristiana de la juventud".
Los cuatro compañeros fueron fusilados el 9 de diciembre de 1936 en las afueras de Valencia, en el campamento de Paterna.
El cuerpo de Julián Rodríguez Sánchez se conserva incorrupto en la Catedral de Valencia, donde también hay una reliquia del beato que su sobrino ha donado a la Catedral.