lfa & Omega, 22/06/05 De las seis cartas públicas que Benedicto XVI había enviado, desde el inicio de su pontificado, hasta finales de mayo, dos gravitan en torno a España, y las dos tienen el mismo tema: la familia. Y es que España se ha convertido en uno de los motivos de preocupación del Papa Joseph Ratzinger al constatar el ataque que, en estos momentos, está recibiendo la que él considera como la célula fundamental de la sociedad.
Se puede decir que la familia ha sido quizá el tema más mencionado de su ministerio como Obispo de Roma.
Los motivos de su preocupación los está exponiendo en intervenciones generales. Por ejemplo, el 6 de junio, los ilustró con estas palabras: «Matrimonio y familia no son una construcción sociológica casual, fruto de situaciones particulares históricas y económicas. Por el contrario, la cuestión de la justa relación entre el hombre y la mujer hunde sus raíces en la esencia más profunda del ser humano y sólo puede encontrar su respuesta a partir de ésta».
«Las diferentes formas actuales de disolución del matrimonio, como las uniones libres y el matrimonio a prueba, hasta el pseudo-matrimonio entre personas del mismo sexo, son por el contrario expresiones de una libertad anárquica que se presenta erróneamente como auténtica liberación del hombre», añadió, hablando al Congreso eclesial de la diócesis de Roma.
Ante lo que está sucediendo en España, el Papa ha tomado papel y pluma y ha comenzado a exponer sus inquietudes de manera evidente. Al confirmar el V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, España, que tendrá lugar en julio de 2006, escribía el 17 de mayo: «La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio para toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, es el fundamento de la familia, patrimonio y bien común de la Humanidad.
Así pues, la Iglesia no puede dejar de anunciar que, de acuerdo con los planes de Dios, el matrimonio y la familia son insustituibles y no admiten otras alternativas».
Dos días después, el 19 de mayo, enviaba una carta a la Conferencia Episcopal Española con motivo de la peregrinación nacional al santuario de Nuestra Señor del Pilar de Zaragoza.
«En esta hora de discernimiento para muchos corazones», constataba, volvía a afrontar los desafíos que la institución familiar está viviendo en nuestro país. «En la convivencia doméstica, la familia realiza su vocación de vida humana y cristiana, compartiendo los gozos y expectativas en un clima de comprensión y ayuda recíproca ?reconocía la misiva pontificia?. Por eso, el ser humano, que nace, crece y se forma en la familia, es capaz de emprender sin incertidumbres el camino de bien, sin dejarse desorientar por modas o ideologías alienantes de la persona humana».
En la coyuntura actual, el Pontífice apoya la disposición de los obispos españoles para «dar pasos firmes en sus proyectos evangelizadores». La nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, en la que los obispos manifiestan su adhesión a la manifestación del próximo 18 de junio, significativamente trasmitida por Radio Vaticano, tiene su explicación precisamente en este contexto.
Jesús Colina. Roma