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Alfa & Omega,21/02/10 - Los frescos, del siglo XIII, de la capilla de Santa Catalina de Alejandría, en la catedral de Urgell, quedaron ocultos tras un retablo barroco en el siglo XVII, y no se redescubrieron hasta principios del XX. Tras su hallazgo, los frescos fueron arrancados y vendidos en tres partes independientes. De ahí el valor de poderlos contemplar ahora juntos: en Barcelona, hasta el 28 de febrero, en el Museo de Arte de Cataluña, y, dentro de unas semanas, en el Museo Episcopal de Vic, del 20 de marzo hasta el 5 de julio.
Los fragmentos son dos imágenes narrativas de la vida de la santa -La disputa y arresto y El martirio-, junto a una Santa Cena. Según los relatos hagiográficos, en la época del emperador Magencio (Alejandría, siglo III), Catalina, hija del rey Costo, se negó a ofrecer sacrificios a los ídolos. El emperador la enfrentó a 50 filósofos paganos, que después de debatir con ella se convirtieron al cristianismo. Magencio mandó entonces que sometieran a la santa a terrible tortura, mediante una rueda con cuchillos, de la cual Catalina salió indemne. Posteriormente, el emperador la hizo decapitar.
Fidelidad a la verdad :
La historia de santa Catalina se presta, como se ha hecho desde algunos sectores, a presentarla hoy como una especie de versión cristiana de Hipatia de Alejandría, filósofa neoplatónica a caballo entre los siglos IV y V, convertida a su vez por la propaganda laicista en una suerte de mártir pagana, víctima del fundamentalismo cristiano. «Bella, virgen e inteligente, una mujer que dedicó su vida al estudio para combatir con la razón al fanatismo de su época. Suena a Hipatia, ¿verdad?, pero la descripción le va también al dedillo a santa Catalina de Alejandría», se ha escrito en el diario El País.
La razón, desde esta perspectiva, debe ser relativista, negociadora... ¿Pero cómo explicar entonces la disposición al martirio de esta santa, precisamente por su inquebrantable fidelidad a la verdad? No sólo no hay contradicción en que esta mujer sea a la vez dialogante con los filósofos, a quienes llega a convencer, y absolutamente firme a la hora de negarse a adorar a los ídolos oficiales. Existe una identificación entre ambos aspectos.
Escribía Joseph Ratzinger, en Fe, verdad y tolerancia: «El no cristiano a los dioses significa una opción a favor del rebelde que se atreve a romper con lo habitual porque así se lo dicta su conciencia».
Desde su confianza en la verdad, el cristiano no sólo rechaza el recurso a la fuerza, sino que está dispuesto al martirio. En cambio, desde su parcialidad, al idólatra Magencio no le queda otro recurso que asesinar a Catalina.
Catalina Roa.
Imágen : Martirio de santa Catalina, pintura mural en su capilla de la catedral de Urgell