lfa & Omega, 02/07/06 - La situación de guerra sostenida que se vive entre israelíes y palestinos, no sólo afecta a estos dos pueblos enfrentados, sino que tiene graves consecuencias para las comunidades cristianas que viven en uno y otro territorio. El Papa Benedicto XVI sigue de cerca los acontecimientos de estos días en Tierra Santa, y la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha explicado que la cuestión se sigue con gran preocupación
Benedicto XVI está siguiendo con gran preocupación la violencia que en estos días flagela de nuevo Tierra Santa, y piensa particularmente en las comunidades cristianas, que en ocasiones parecen encontrarse entre dos fuegos, y sienten de manera cada vez más apremiante la tentación del éxodo.
En primer lugar, el 14 de junio, el Pontífice había confiado a Joaquín Navarro-Valls, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la publicación de un comunicado en el que confirmaba que «la Santa Sede sigue con gran alarma y dolor los episodios de creciente, ciega violencia, que ensangrientan estos días Tierra Santa».
«El Santo Padre está cerca, de manera especial con la oración, de las víctimas inocentes, de sus familiares y de las poblaciones de aquella tierra, rehén de cuantos se hacen la ilusión de poder resolver los problemas, cada vez más dramáticos, de la región a través de la fuerza o de modo unilateral», se podía leer en el comunicado.
La nota invitaba a la comunidad internacional a «activar rápidamente los medios necesarios para la necesaria asistencia humanitaria de la población palestina», y apremiaba «a los responsables de ambos pueblos para que se muestre ante todo el debido respeto a la vida humana, especialmente la de los civiles indefensos y los niños, y se reanude con valor el camino de la negociación, el único que puede llevar a la paz justa y duradera a la que todos aspiran».
Una semana después, el 22 de junio, él mismo tomaba la palabra para tratar de despertar a las conciencias al recibir al centenar de participantes en la Reunión de las Obras para la Ayuda a las Iglesias Orientales (ROACO, según sus iniciales en italiano), comité surgido en 1968, dependiente de la Congregación para las Iglesias Orientales, del que forman parte agencias de todo el mundo que ayudan a esas comunidades católicas, en particular a las de Tierra Santa.
«Las graves dificultades que están viviendo, a causa del clima de grave inseguridad, por la falta de trabajo, por las innumerables restricciones con la creciente pobreza que se deriva, constituyen para todos nosotros un motivo de sufrimiento», confesó el Pontífice. «Se trata de una situación –reconoció el Santo Padre– que hace particularmente incierto el futuro educativo, profesional y familiar de las generaciones jóvenes, que por desgracia experimentan la tentación de dejar para siempre la tierra natal que tanto aman. Esto se da también en otras áreas de Oriente Medio, como Iraq e Irán».
«¿Cómo afrontar problemas tan graves?», se preguntó el Santo Padre. «Nuestro primero y fundamental deber sigue siendo el de perseverar en una confiada oración al Señor, que nunca abandona a sus hijos en la prueba», respondió. A ésta –añadió–, «debe acompañarle una solicitud concreta fraternal, capaz de encontrar caminos siempre nuevos y en ocasiones inesperados para salir al paso de las necesidades de esas poblaciones».
El Papa concluyó haciendo un llamamiento «a los pastores y a los fieles, a todos los que desempeñan papeles de responsabilidad en la comunidad civil, para que, favoreciendo el respeto mutuo entre las culturas y religiones, se creen cuanto antes, en toda la región de Oriente Medio, las condiciones de una serena y pacífica convivencia».