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Alfa & Omega - Hay libros en el patrimonio de la Iglesia que, aun siendo pequeños, son monumentos extraordinarios de la espiritualidad cristiana. Al margen de su valor literario, han sido medios eficaces de auténtica conversión y renovación espiritual. Son libros avalados por sus frutos de santidad y obras apostólicas. Libros, escritos sin duda bajo la acción del Espíritu, que da a la Iglesia los instrumentos que necesita para conducir a sus hijos tras las huellas de Cristo. Uno de esos pequeños libros, que en edición de bolsillo roza las doscientas páginas, es el de san Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales.
El padre jesuita Santiago Arzubialde, gran autoridad en el campo de la Teología espiritual, profesor en la Universidad Comillas, de Madrid, acaba de publicar la segunda edición de su obra titulada Ejercicios espirituales de san Ignacio. Historia y análisis.
Lo ha hecho después de dieciocho años de la aparición de la primera edición, lo que le permite revisar completamente su obra, añadir piezas nuevas sobre la génesis del texto ignaciano y proponer, después de analizar las teologías contemporáneas sobre los Ejercicios de autores tan influyentes como Przywara, Fessard, Rahner y Balthasar, su propia clave dogmática a cuya luz, en su opinión, debería interpretarse el precioso texto de san Ignacio. Como él mismo ha escrito, su intención es «situar e iluminar la propuesta ignaciana desde la riquísima tradición patrística y desde las claves fundamentales dogmáticas que subyacen en el itinerario de los Ejercicios y hoy la teología nos ofrece como desafíos».
Quien se acerque a esta obra indispensable para conocer la espiritualidad ignaciana, descubrirá de inmediato que es el fruto de largos años de trabajo riguroso, en el que no ha faltado el de la práctica misma de dirigir tandas de Ejercicios, y donde la teoría aparece estrechamente unida a la experiencia de la vida del Espíritu. Y disfrutará sobre todo con la reflexión del autor al exponer cómo la doble perspectiva teológica, la del Oriente cristiano y la de la teología latina, presentes ya en el texto ignaciano, no se contraponen, sino que están llamadas a la integración armónica, pues se trata de los «dos pulmones con los que siempre ha respirado la Iglesia» (Juan Pablo II). Ambas perspectivas, la creacional-trinitaria del Oriente cristiano, que nos adentra en el economía del Misterio, y la histórico salvífica, más típica de la teología latina, en la que el ejercitante es «puesto con el Hijo» en su anonadamiento hasta la cruz, se complementan de forma semejante a como los sinópticos se compaginan con la visión del cuarto evangelio, que guía al creyente a la cima de la contemplación del Cristo glorioso. El autor reconoce que este intento de conjugar los dos horizontes, y explicar en el cruce de ambos el texto de san Ignacio, ha sido su propósito y una de las principales novedades de esta segunda edición, que él presenta con modestia.
Hay que añadir que este libro no sólo ayuda a entender el texto ignaciano, y a situarlo en el contexto teológico de su tiempo y del nuestro; es, además, un excelente tratado sobre las cuestiones básicas de la vida cristiana, que no es otra cosa que ejercicio en el Espíritu, cuestiones a las que dirige su atención san Ignacio de Loyola: el fin de la existencia humana, la lucha entre el pecado y la libertad, la llamada de Cristo a seguirle y ser de los suyos, la búsqueda de la voluntad de Dios, y el seguimiento apasionado de Cristo, tanto en las penas como en la gloria.
Ayudará mucho su lectura a quienes tienen que ayudar a otros -teólogos, y sobre todo pastores- en el difícil arte de llegar a la edad adulta en Cristo, es decir, a la plena realización en nosotros de la imagen perfecta del Hijo con que Dios nos selló cuando nos creó mirándole a Él. Por eso el autor, que deja abierta la puerta a la crítica de los estudiosos, la deja sobre todo abierta «a la experiencia de la persona y del misterio de Jesús de Nazaret».
+ César Franco Martínez
obispo auxiliar de Madrid
Título: Ejercicios espirituales de san Ignacio. Historia y análisis
Autor: Santiago Arzubialde, S.J.
Editorial: Mensajero - Sal Terrae