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Acercarse a la obra de Antonio Gaudí es acercarse a su vida espiritual. No puede ser de otra manera. Don Luis Bonet, Vicepostulador de su Causa de beatificación, señala que, «como creyente, lo fundamental para él era tener una vida lo más evangélica posible, de amor hacia los demás, y también con un sentido ecológico de ver en la creación la obra de Dios. Tenía una vida de piedad muy intensa, además de un gran conocimiento de la liturgia, que vivía en la celebración de la Eucaristía todos los días».
Antonio Gaudí tuvo en su niñez «una formación muy cristiana por haber ido al colegio de los escolapios y por la influencia de su madre. De mayor, se alejó un poco de la fe, pero fue siempre respetuoso, hasta que llegó a la Sagrada Familia, a cuyo proyecto llegó después de un intenso proceso de exploración de la vida cristiana», destaca don Luis.
Cuando vivía en el Parque Güell, el arquitecto baja todos los días a la Sagrada Familia y se detiene en la parroquia de Gracia para asistir a Misa. El último año de su vida, cuando ya vivía en el mismo edificio de la Sagrada Familia, cada día bajaba a la cripta una hora antes de la Eucaristía, y allí rezaba hasta que comenzaba. «Estaba radicado en la ascética -afirma don Luis-. Nunca se arrodillaba en un reclinatorio, sino en el suelo directamente. En 1894, le tienen que pedir que mitigue el ayuno, porque estaba repercutiendo en su salud».
La obra de Dios :
Después de 1936 se quemaron planos y maquetas en las que había trabajado Gaudí hasta su muerte, en 1931. Sin embargo, el arquitecto tenía una forma de trabajar que ha hecho posible que los trabajos sucesivos continúen en la línea original. «Tenía una visión muy natural de su obra -explica don Luis-; se inspiraba en la naturaleza, dejando así las bases de lo que debía ser en el futuro. Tenía un eucaliptus enfrente de su ventana, y decía: Éste es mi maestro».
Gaudí vivía lo que después trabajaba, y oraba lo que construía. Así lo explica don Luis Bonet: «Tenía un interés especial por la liturgia, y le interesaba mucho la participación del pueblo. Así, se adelanta de alguna manera a lo que concretó el Concilio Vaticano II».
Al final de su vida, Gaudí pasaba muchas horas en el templo, haciendo de él su propio hogar. Incluso llegó a vivir en él en el último año y medio de su vida. «La Sagrada Familia -explica don Luis- se convirtió en su vida. Deja los encargos de los clientes ricos y, en adelante, se dedicará a hacer la obra de Dios».