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La solemnidad del Apóstol Santiago el Mayor, Patrono de España, nos anima a revitalizar la auténtica religiosidad y a recordar los valores del Evangelio transmitidos por el Apóstol, que han ido modelando la fisonomía espiritual y cultural de Europa, y que han de ser referencia ineludible a la hora de ser testigos del Dios vivo.
Para conocer la naturaleza de cada pueblo, decía san Agustín, hace falta mirar a las cosas que ama. Es momento de preguntarnos qué es lo que amamos en una cultura marcada por lo efímero y lo voluble, donde los vínculos son cada vez más superficiales, donde el individualismo hace vulnerables a las personas y donde se pretende que la vivencia religiosa quede marginada a lo estrictamente privado. Volver a Dios y regenerar la situación actual, son dos tareas en las que convergen la misión de la Iglesia y el empeño sanamente laico de una sociedad que no quiera ser una Babel. Hay que obedecer a Dios para volver de verdad al hombre, respondiendo a las grandes preguntas de éste, y mostrando la aportación de humanidad, de razón y de libertad, que ofrece la fe cristiana.
En las actuales circunstancias, sentimos intranquilidad ante la situación de tantas personas necesitadas espiritual y materialmente, y no debemos eludir la responsabilidad ante los graves problemas sociales que, más allá de los procesos y mecanismos estrictamente económicos, movidos a veces por una especulación inmoral, deben resolverse con un compromiso ético y moral. La voluntad de servir ha de ser la opción para no poner el beneficio económico por encima del bien de la persona humana, ni el éxito individual por encima de la solidaridad.
Pero todo esto será sólo un buen deseo, si no nos convertimos al Señor.
Una ocasión para volver a Cristo
En una visión reductiva de la persona humana, se nos hace creer que la felicidad se puede conseguir a través de la acumulación de bienes, que la libertad consiste en la satisfacción de todos los deseos, y que la vida social puede resultar de la conjugación de todos los intereses privados. En medio del desvalimiento económico, provocado por el desorden moral, el miedo condiciona los diferentes aspectos de nuestra vida, y la crisis está repercutiendo de manera dramática sobre personas y familias con menos posibilidades. La Iglesia, siempre atenta a lo que afecta al hombre, está ayudando con su acción caritativa y social, nos llama a recuperar la confianza en los valores como la sobriedad, el esfuerzo, la veracidad, la comprensión, la honestidad, el compromiso social, y la gratuidad, y nos indica que sólo Cristo es la respuesta a nuestras aspiraciones más profundas.
La crisis puede ser ocasión de una toma de conciencia saludable para crear las condiciones de un nuevo estilo de vida que se concreta en que todo lo que queramos que haga la gente con nosotros, lo hagamos nosotros a la gente (véase Mt 7, 12), mirando con confianza al futuro.
Podemos hacer presente el amor de Cristo en el mundo. La actitud de Santiago y Juan, a partir del momento en que el Señor les pregunta: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?, y le responden: Podemos (Mt 20, 22), fue la de quien se pone en camino, teniendo fija la mirada en la ciudadanía del Cielo (véase Fil 3, 20). Dirigir nuestra mirada al cielo es posibilitar que en la tierra brille el reflejo de la gloria de Dios.
Imágenes:Santiago sedente, de Juan Antonio García de Bouzas. Altar mayor de la catedral (año 1748).Liber Sancti Iacobi. Codex Calixtinus (años 1137-1140, 1173)