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Alfa & Omega, 21/07/09 - En casi todas las clases de Religión y reuniones de catequesis se utilizan películas, carteles y otras cosas para que, lo que se aprende, entre más por los ojos. Puede parecer que, en comparación, en otras épocas, aprender cosas sobre la religión era mucho más aburrido; pero, en realidad, «todo eso que se usa hoy tiene un origen».
Nos lo cuenta Juan Parral, que es catequista de la parroquia del Inmaculado Corazón de María, de Madrid. Juan busca y colecciona objetos curiosos que se utilizaron para manifestar y enseñar la fe, pero no en la iglesia, sino en otros lugares, como el colegio o en casa. Durante unas semanas, esta exposición se ha podido visitar en su parroquia.
¿Sabíais que santa Teresa de Jesús, de niña, jugaba a construir altares en el jardín con su hermano? Muchos niños, durante todos los siglos, han hecho lo mismo: construir altares, jugar a hacer procesiones o celebrar Misa, etc. con juguetes pensados para ello, o improvisando con lo que hubiera a mano. Juan explica que «el niño siempre ha querido adaptar el mundo de los adultos al suyo.
Cuando juega a éstos, es consciente de lo que está haciendo y lo hace con respeto».
Los juguetes es lo que más interesa ahora mismo a Juan, porque, «a medida que lo iba descubriendo, me iba sorprendiendo». Tiene juegos del Arca de Noé, de procesiones...; la pena es que, «como se jugaba con ellos, se rompían y por eso no se conservan muchos hasta hoy». Además, a la vez que se jugaba, se aprendían cosas sobre la Biblia o sobre la Misa, y a muchos niños estos juegos les servían para darse cuenta de que querían ser sacerdotes. Lo mismo pasaba con las niñas, si tenían alguna tía monja, porque en los conventos tenían la costumbre de coser hábitos para alguna muñeca y regalárselos a sus sobrinas.
Pero, aunque ahora está más dedicado a los juguetes, Juan empezó su colección de otra forma. «Hace nueve años, empecé a ser catequista en la parroquia. A mí me gusta mucho la Historia, y un amigo me regaló un catecismo antiguo, del siglo XVIII. Le faltaban unas partes, así que empecé a buscarlas y no las encontré, pero encontré otros. Como algunos catecismos tenían ilustraciones, me empecé a interesar también por eso y salté a los carteles», y de ahí a las proyecciones. «La Iglesia siempre aprovechaba todos los nuevos inventos que iban surgiendo» e, incluso antes de que existiera el cine, se hacían láminas transparentes para proyectar en la pared con una luz, que se llamaba linterna mágica.
Juan no se ha dedicado sólo a juntar estos objetos curiosos, sino que ha querido buscar su significado, y ha descubierto un poco cómo eran las sociedades en las que la gente usaba estas cosas: «Los juegos y las otras cosas eran para los niños, claro, pero lo importante es que tenían padres o abuelos que se las regalaban, y también había empresas que se encargaban de fabricarlos. Algunas colecciones de cromos, incluso, estaban patrocinadas por fábricas de chocolate, que los metían en las tabletas», aunque los cromos de otras colecciones los iban dando los profesores cuando los niños se habían portado bien. En realidad, era toda la sociedad la que vivía así la fe, y por eso a los niños les resultaba tan fácil asimilarla.
Lo más curioso:
El objeto más antiguo de la colección de Juan Parral es un libro de 1612, y un diorama de 1750. Los dioramas son cajas que representan, con distintos personajes y cosas, una escena de la Biblia. Por la ventanita se ven en perspectiva. Y lo más moderno, un belén de Playmobil. Otras cosas curiosas que hay en su colección son:
* Casulla para disfrazarse de sacerdote.
* Catecismo que explica el catolicismo sólo mediante las imágenes con las que se comunicaban los indígenas de México.
* Reproducción de procesiones de Semana Santa de Sevilla, y del Corpus en Francia.
* Puzzles con escenas de la Biblia.
* Huchas del Domund con forma de cabeza de niño chino, negro e indio.
*Reproducción de una iglesia por dentro.
* Carteles explicando la fe como los que hay en muchas parroquias hoy, pero de hace siglos.