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Alfa & Omega, 16/07/08 - Carlos V en Yuste. Muerte y gloria eterna: con este título está teniendo lugar, en el monasterio de Yuste, del 19 de junio al 21 de septiembre, una exposición presentada por el Patrimonio Nacional y la Fundación Banco Santander. Se conmemora con ella el 450 aniversario de la muerte de Carlos V, y tiene el objetivo de dar a conocer los últimos años de su vida .Carlos I de España y V de Alemania era hijo de Juana de Castilla y Felipe I el Hermoso, y nieto de los Reyes Católicos y del emperador alemán Maximiliano y de María de Borgoña. Heredó un vasto imperio: Holanda, Luxemburgo, Artois y el Franco Condado, cuando murió su padre, en 1506; Aragón, Navarra, Castilla, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y los territorios ya conquistados en América, a la muerte de su abuelo materno, Fernando el Católico, en 1516. En 1519, recibió de su abuelo paterno, Maximiliano I, los territorios austriacos de los Habsburgo y fue elegido emperador de Alemania. Carlos fue rey de España de 1516 a 1556, y emperador de Alemania de 1519 a 1556.
Intentó crear un imperio universal cristiano. Fue amante de la paz, pero tuvo que enfrentarse a un reinado lleno de levantamientos y conflictos. Como se recoge en el Catálogo de la exposición, Carlos V ha sido descrito como «el atlante patético, el emperador insólito educado en una concepción de la vida y del mundo propia de la cultura franco-borgoñona en su espléndido ocaso; el gestor del inmenso laberinto formado por los diferentes dominios del imperio que regía con atribuciones jurídicamente distintas...; el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico; el gobernante que ostentó un poder que hasta entonces nadie había tenido, a excepción de Carlomagno; el promotor de la paz entre los cristianos y la guerra contra los infieles; el paladín de la fe; el político que asumió el ideal caballeresco, providencialista, humanista y europeísta». Toda esta descripción concluye con estas palabras:
«Retirado del mundo y rodeado de las personas y los objetos que hicieron más llevadera la etapa final de su vida, en medio de la sencillez eremita y del recogimiento que encontró en el monasterio de Yuste, el César, el hombre, en definitiva, exhalaba su último aliento a las dos de la mañana del día 21 de septiembre de 1558».
Su abdicación se realizó en varias etapas: en julio de 1554 cedió el título y la posesión del reino de Nápoles y la concesión del ducado de Milán a su hijo Felipe. En 1555 le traspasó los dominios de los Países Bajos, y en 1556, los reinos españoles. En 1555 deja a su hermano Fernando el Imperio alemán y las propiedades de los Austrias en Alemania.
La estancia en el monasterio de Yuste fue tranquila, entre oraciones, lecturas comentadas de textos sagrados y la celebración de la liturgia diaria; ocupaciones a las que se dedicaba a lo largo del día. Sin embargo, su permanencia en este lugar no fue del todo placentera. Estuvo salpicada de sufrimientos. La enfermedad de la gota le dejó prácticamente inválido, aunque sí le permitió realizar su actividad cotidiana de una manera casi normal.
Pero la gota no fue la única razón de sufrimiento. La política le seguía preocupando, y repercutieron en su estado las guerras internacionales, así como las manifestaciones luteranas que aparecían en España, de las que advirtió a sus hijos Felipe y Juana.
Han dicho de él, según Tomás González, en el manuscrito Estancia, retiro y muerte del emperador Carlos V en el monasterio de Yuste, recogido en la versión de Domingo Sánchez Loro en 1957-1958, que «se hizo formalmente monje; que seguía los mismos usos, horas y prácticas que los demás religiosos, que siempre estaba rezando, que se sujetaba a la visita y penitencias monásticas. Nada de esto es cierto: los datos circunstanciados y verídicos que se tenían en Yuste, tanto en Valladolid como en Bruselas, por los secretarios y demás servidores, acreditan que guardaba el tono y estado de vida de un buen príncipe cristiano, retirado del mundo para prepararse a la muerte, sin gazmoñerías, sin supersticiones y sin fanatismo; y con toda la cortesía, decoro, autoridad y nobleza propia de la imperial persona».
Mª del Pilar Blázquez.
Imágen : Carlos V armado, de Juan Pantoja de la Cruz (1608). Monasterio de El Escorial