lfa & Omega, 23/01/07 - La cultura de la mentira se ha instalado en el poder y en muchas relaciones humanas. La convivencia social se ha distorsionado por falta de veracidad. La palabra humana ha perdido todo valor, y la manipulación del lenguaje es el arte de la posmodernidad, donde hablar de verdad objetiva es evocar los espíritus de la intolerancia. Con esto se parte de una falacia: la verdad es producto del hombre. Ésta es la gran mentira con apariencia de verdad que, orientada egoístamente, trata de instrumentalizar al hombre y, en definitiva, de anularlo.
La verdad es la luz de la inteligencia humana. Para el creyente, la fuente suprema de esa luz es Dios, que en ningún caso contradice la más pequeña partícula de cualquier verdad. Por eso no hay oposición entre la verdad racional y la fe cristiana, sino que se comprenden mutuamente y cooperan en la búsqueda del bien del hombre y la sociedad.
La veracidad en sentido amplio es el amor a la verdad.
Es la virtud que inclina a decir siempre la verdad, y manifestarse al exterior tal y como se es interiormente. Requiere la sencillez de corazón, y la fidelidad para cumplir lo prometido. Ahora bien, la verdad hay que decirla con nobleza, con caridad. Toda mentira destruye a la comunidad. En cambio, la verdad da a la persona firmeza y solidez, y emprende de modo casi natural el sendero de la paz. Por eso, hemos de ser veraces con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
Suscitar buenos y honrados ciudadanos demanda educar en la verdad, desde las familias hasta las instituciones. Padres coherentes son aquellos que saben transmitir a sus hijos, con tacto y bondad, que los seres humanos nos realizamos, no buscando el sol que más calienta, sino amando la verdad y compartiéndola con los otros. Políticos fidedignos son aquellos que han hecho de la cosa pública no el arte de lo posible, sino el servicio en la búsqueda del bien común por el camino de la verdad y de la sinceridad. Hoy tienen máxima actualidad las palabras de Jesús: La verdad os hará libres.
+ Juan del Río Martín
obispo de Asidonia-Jerez