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Alfa & Omega, 12/06/09 - Teniendo en cuenta las cifras de la evolución de las enfermedades mentales en nuestro país, no sería extraño que varias de las personas que conocemos, amigos y parientes, hayan sufrido, o acaben teniendo, un problema de este tipo. Y la tendencia es a más; según don Jerónimo Sáiz, Presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y Jefe del Departamento de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal, «estamos viendo una aumento constante de la demanda de personas que acuden a los servicios de salud mental. La necesidad de esta ayuda es cada vez mayor. Pero hay que distinguir dos grandes bloques: las enfermedades más graves y crónicas, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar; y los trastornos relacionados con la ansiedad, la depresión y los problemas relacionados con el consumo de alcohol y drogas».
Los Hermanos de San Juan de Dios llevan trabajando desde hace siglos en la atención a los enfermos mentales, con sensibilidad y profesionalidad, y siempre en vanguardia en la defensa de sus derechos y de su mejor tratamiento. Don Álvaro Rivera, Director de los Centros de salud mental, de los Hermanos de San Juan de Dios en Madrid, reconoce que la sociedad ha ido superando diversos temores en los últimos años, como por ejemplo el sida o las drogas, pero denuncia que «la enfermedad mental sigue provocando rechazo, y despierta unos temores ancestrales que condenan al enfermo mental a tener menos oportunidades de conseguir un trabajo o de integrarse socialmente.
Por ejemplo, hay un 2% de puestos de trabajos reservados en las empresas para discapacitados, pero nos encontramos con que los pacientes mentales tienen dificultad para pedir esos puestos, porque también las empresas prefieren otro tipo de discapacidades. Hay temor a que los enfermos mentales sean peligrosos y a que no puedan atender a sus obligaciones». Para paliar esta situación, los Hermanos de San Juan de Dios han organizado recientemente las Fiestas de la convivencia: «Lo que buscamos -afirma don Álvaro- es la integración del enfermo mental en la sociedad.
Con esta iniciativa, los pacientes salen fuera del centro, y la población tiene la oportunidad de entrar en él para conocerlo; allí se muestran todas las capacidades que tienen los enfermos, de ocio, creativas, deportivas, de pintura, de música... También vienen colegios regularmente a visitar las instalaciones: los niños se acostumbran a ver que el enfermo mental no es peligroso y que no ocasiona ningún daño». Para vencer este estigma, considera esencial la labor de los medios de comunicación: «Pueden ayudar mucho en esto. De momento, cuando un enfermo mental protagoniza un hecho delictivo, se subraya su condición de enfermo mental. De este modo, se sigue asociando violencia con enfermedad mental, cuando eso es lo excepcional. Esto hay que cambiarlo».
La Ley de Dependencia y la crisis económica :
El Director de los Centros de salud mental de los Hermanos de San Juan de Dios en Madrid reconoce que sigue habiendo necesidad de camas para enfermos mentales, y más dispositivos residenciales y de tratamiento. También habla de cómo sufren las familias -«en muchos de sus miembros hay cuadros de ansiedad y de depresión»-. Y denuncia que la Ley de Dependencia, nacida para aliviar las necesidades más urgentes de enfermos y familiares, «no termina de recoger claramente la realidad de la enfermedad mental. Está más orientada a los discapacitados físicos, y no tanto al enfermo mental.
Y si el instrumento de evaluación no recoge suficientemente esta realidad, entonces el problema repercute en las familias». En esto coincide con don Jerónimo Sáiz, cuando afirma que «la Ley de Dependencia desarrolla de una forma insuficiente, y casi ignora, toda la problemática de la enfermedad mental, que supone una sobrecarga enorme para las familias, algo que sólo se puede comprender cuando se vive y se conoce de cerca».
De momento, no parece que la inyección de recursos económicos que necesita la implantación de la Ley vaya a producirse en estos tiempos de crisis económica. Pero es que la recesión contribuye, a su vez, al empeoramiento de la situación de estos enfermos. Don Álvaro Rivera afirma: «La enfermedad mental tiene una variable de vulnerabilidad biológica, pero el estrés interactúa con esa vulnerabilidad. En la medida que haya más estrés, es más fácil que se desequilibre el enfermo. Si a su alrededor hay problemas y ansiedad, la situación se complica. Es verdad, entonces, que la crisis influye si afecta directamente al entorno del paciente».
Además de ello, en este tiempo de inestabilidad laboral, los trastornos adaptativos de ansiedad y depresión aumentan mucho. En este sentido, don Jerónimo Sáiz señala que «el aumento de la demanda de atención médica es una tendencia constante, no sólo de este año o del anterior. Un elemento muy peligroso de cara a la salud mental es el desempleo, que es un problema muy grave porque afecta a la autoestima de las personas, les hace sentirse culpables y desconfían de poder recibir ayuda; y todo ello supone un suceso traumático y nada deseable. Y luego está la pobreza, en general, que también es negativa para la salud mental, aunque hay que señalar también que los años de bonanza económica tampoco han detenido el aumento de incidencias y trastornos de salud mental».