lfa & Omega, 06/06/07 - En algunos sectores de la sociedad pervive la creencia de que la Iglesia católica en España es una carga para los Presupuestos Generales del Estado, una rémora que sobrevive gracias la generosidad de las arcas públicas. A esta tesis ha contribuido no poco la confusión en torno a la casilla de la Iglesia católica, que los contribuyentes pueden marcar voluntariamente al hacer su Declaración de la Renta. En realidad, dicho instrumento recaudatorio no es una concesión del Estado español a la Iglesia para dotarla de ingresos, sino que es la concreción de la colaboración entre ambas instituciones, recogida nada menos que en la Constitución española y en los Acuerdos internacionales entre España y la Santa Sede.
En concreto, el artículo 16 de la Carta Magna dice que «los poderes públicos mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones». Y el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede relativo a Asuntos Económicos afirma que «el Estado se compromete a colaborar con la Iglesia católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico».
De este modo, el instrumento elegido entre la Administración pública y la Iglesia ha sido el que cada contribuyente pueda decidir, al hacer su Declaración de la Renta, que un pequeño porcentaje del dinero que paga con sus impuestos vaya directamente a la Iglesia católica, marcando con una X la casilla correspondiente.
Se podría haber elegido cualquier otro instrumento, pero el que rige en España en la actualidad es ése. Por todo ello, no se puede afirmar, sin caer en un error, que es el Estado el que, una vez recaudado todo el dinero procedente de los impuestos, destina una parte a la Iglesia, como si fuera una concesión graciosa; al contrario, son los contribuyentes - católicos o no - los que, si lo desean, pueden ordenar al Estado que dedique una parte de los impuestos que pagan al mismo fin - o a otros fines de interés social, o a ambos a la vez - , gracias a lo estipulado por la Constitución y los Acuerdos internacionales.
En la actualidad, el porcentaje voluntario de cada Declaración que el contribuyente puede destinar a la Iglesia se sitúa en el 0,52%, cantidad establecida en 1988 de modo unilateral por el Gobierno entonces en el poder y que, al resultar claramente insuficiente, se ve acompañada por un complemento presupuestario anual, hasta cubrir un sostenimiento básico. Sin embargo, a partir del año que viene, se eliminará este complemento definitivamente, con lo que, para compensar, el porcentaje de la asignación voluntaria individual aumentará hasta el 0,7%.
De esta manera, se da un paso adelante en el sostenimiento de la Iglesia católica, al no depender ya de un complemento concedido por el Estado. Así, a partir del año que viene, al recibir la Iglesia exclusivamente lo que los contribuyentes voluntariamente quieren que reciba, se avanza en su independencia económica, algo que contemplan los Acuerdos Iglesia-Estado y que el sistema anterior no aseguraba del todo.
En definitiva, el dinero recibido a través de las Declaraciones marcadas con una X en la casilla de la Iglesia no es un impuesto ni una concesión del Estado a la Iglesia. Y tampoco hay que olvidar que, con arreglo al erario público, multitud de instituciones de todo tipo, relacionadas con el deporte, con la cultura, la labor asistencial o la vida social - incluidos los partidos políticos y los sindicatos - , dependen casi en exclusiva del erario público, lo que no sucede en el caso de la Iglesia. Y si hay alguna institución que contribuya en nuestro país a la estabilidad social, a la solidaridad, a la justicia, a la enseñanza, al mantenimiento del patrimonio histórico, artístico y cultural, a la atención de los más desfavorecidos, al desarrollo del tercer mundo..., ésa es la Iglesia.
Los ingresos principales: colectas y suscripciones
Según los últimos datos de que dispone la Conferencia Episcopal Española, en el año 2005, un 22% de los contribuyentes marcó la X en la casilla de la Iglesia católica, un 33,83% marcó la destinada a otros fines sociales, y un 11,36% lo hizo en ambas opciones. Ese dinero recibido por la Iglesia gracias a la asignación tributaria lo recauda el Estado y lo entrega a la Conferencia Episcopal Española, que lo incluye en el Fondo Común Interdiocesano.
Este Fondo se nutre también de aportaciones de las 69 diócesis que hay en España, que entregan una cantidad distinta, según su capacidad para obtener recursos. Después, el dinero se distribuye en función de las necesidades de las diócesis, pero el grueso principal - el 80% - se destina a mantener a los 20.000 sacerdotes que hay en España, porque es la mayor necesidad para el funcionamiento de la Iglesia.
El resto se dirige a cubrir el presupuesto de la Conferencia Episcopal, ayudar a las universidades de la Iglesia, a la Nunciatura...
En cualquier caso, la cantidad percibida por la Iglesia a través de este sistema apenas cubre el 20% de sus necesidades básicas anuales. La mayor parte de lo que recibe la Iglesia procede de las aportaciones directas que realizan los fieles a través de las colectas realizadas en las misas y las suscripciones periódicas que se realizan en parroquias, diócesis y otras entidades de la Iglesia.
Para fomentar esta implicación de los fieles en el sostenimiento de la Iglesia, se realiza anualmente una campaña por el Día de la Iglesia diocesana, en la que se les pide su compromiso económico. Otros ingresos proceden, en menor cantidad, de herencias, legados, intenciones de misas, expedientes matrimoniales, colectas extraordinarias (como la del Domund, por ejemplo), subvenciones solicitadas para la realización de programas de asistencia social y los rendimientos que genera el patrimonio eclesiástico.
Don Fernando Giménez Barriocanal, Vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, al echar una mirada al conjunto del sostenimento de la Iglesia, afirma que, «en primer lugar, el Estado debe cumplir los Acuerdos Iglesia-Estado, que establecen un sistema de colaboración para el mantenimiento de la Iglesia, que se ha articulado técnicamente con el sistema de la asignación tributaria. Otro asunto muy importante es que la gente conozca cuál es la actividad de la Iglesia, porque, en cuanto la conoce, se anima a colaborar. Y también es sano que seamos los católicos y los que valoramos la labor de la Iglesia los que la sostengamos».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
¿Cómo puedo colaborar, aparte de marcar la X?
Lo que percibe la Iglesia a través de la casilla del IRPF constituye solamente el 20% de sus ingresos. Por ello, dado que la Iglesia debe ser sostenida por los propios católicos, la participación en este sostenimiento debe ser completada a través de otras fórmulas, como, por ejemplo:
* Colectas de las misas.
* Suscripciones periódicas a las parroquias y diócesis.
* Donaciones.
* Legados y herencias.
* Donativos a la Conferencia Episcopal Española. Se pueden hacer vía Internet en la siguiente dirección: https://recursos.cajasur.es/Donativos/Donativo.aspx
Declaración de la Renta: algunas dudas
¿Si marco la X en la casilla de la Iglesia católica tengo que pagar más? No, en absoluto. Marcar esta casilla no implica pagar más impuestos; sólo significa que el Estado destinará 0,5% del dinero recaudado de nuestros impuestos al sostenimiento de la Iglesia católica.
¿Si marco la X en la casilla de la Iglesia católica, puedo marcar la casilla de fines sociales? Sí. En la Declaración de la Renta se pueden marcar ambas casillas a la vez; son complementarias y acumulables.
¿Y si me sale a devolver?
También se puede marcar la X en la casilla de la Iglesia, ya que le van a devolver lo mismo.
¿Qué pasa si no tengo que hacer la Declaración?
Puede solicitar igualmente el modelo 104 de la Declaración y marcar la X en la casilla de la Iglesia.