lfa & Omega, 19/03/06 - En el último número de la revista Humanitas, Roberto Bertoldi presenta un escrito temprano de Karl Jaspers, titulado Solitudine (Soledad). Se trata del esbozo de una conferencia, que permite encontrar las huellas de todo el corpus del pensador alemán.
El escrito data de 1915 o 1916, período en el que el autor, a sus 32 años, comienza su actividad académica como profesor extraordinario de Psicología en Heidelberg. En su bagaje se encontraba ya una obra llamada Psicopatología General, publicada dos años antes, y un quinquenio como asistente en la Clínica de Psiquiatría de Heidelberg, un período en el que el joven especialista se dedicó, además, a una orgánica reconstrucción de los cuadros teóricos de la psiquiatría.
El texto que sale ahora a la luz es un ensayo que pertenece al período en el que madura su propuesta de una psicología comprensiva, un modo de sondear la dinámica de la psicosis no desde fuera, sino desde dentro, con la intención de identificar las notas características de la existencia humana: la posibilidad, el riesgo, la excepcionalidad…, temas cercanos a Kierkegaard y a Nietzsche, citados en algunos pasajes del texto que nos ocupa.
Jaspers avanza lejos, en equilibrio con la psicopatología y el pensamiento filosófico; es el camino que le llevará a la célebre Psicología de las visiones del mundo (1919) y a su Filosofía (1932), síntesis del pensamiento jasperiano. Sobre todo en esta segunda obra se afrontan los temas que ya abordó el autor alemán en el escrito que aparece ahora inédito en Italia, temas centrales en todo su corpus filosófico; la dialéctica entre la soledad, la comunicación y el amor.
Como recuerda Roberto Bertoldi, editor del texto en Italia, la comunicación según Jaspers es una comunicación existencial, capaz de superar la soledad manteniendo la individualidad.
Es una comunicación –escribe Jaspers– «que se realiza entre dos que, vinculándose cada vez más entre ellos, deben seguir siendo dos», en una concepción de la singularidad de marcado acento kierkegaardiano, donde ser uno mismo es condición indispensable para la relación. De aquí deriva una lectura de la soledad como «un elemento insuprimible de cara a la comunicación», voluntad de una auténtica comunicación «en el amor», aun arriesgándose a la «posibilidad de un yo vacío».
Son palabras del gran pensador alemán: «No puedo acceder a mí mismo si no entro en comunicación con el otro»; y No puedo entrar en comunicación con el otro sin ser yo mismo». ¿Y el amor? Lo entiende Jaspers como una relación de dos en la que ambos están en el mismo plano, «en una lucha que conlleva dificultades». Se trata de una relación única, personal y fiel, pero que implica una lucha amorosa que trae consigo un dinamismo exigente. Esta dinámica está orientada a desvelar al otro, no a someterlo, en una unión en la que, junto a la centralidad del otro, evidencia lo imprescindible que es «ser uno mismo».
Marco Roncalli
en Avvenire