l pequeño Joseph se trasladaba allí con sus padres. Después, con los años, fueron muchas las ocasiones oficiales y privadas que lo llevaron a los pies de la Virgen de Gracia. La última vez fue en enero de 2005, pocos meses antes de ser elegido Papa, en una peregrinación con su hermano. Ese día firmó el prólogo de una nueva guía del santuario, hoy convertido en objeto de culto: «He tenido la fortuna de nacer en las cercanías de Altötting. Las peregrinaciones con mis familiares forman parte de los recuerdos más bellos de mi infancia».
Entre sus recuerdos, he elegido este relato: «Hacía mucho frío y atravesamos la gran plaza situada detrás de la famosa capilla [de la Gracia]. El pequeño espacio interno estaba lleno de gente. Por todas partes, en la penumbra, relucían las velas. En la capilla, había casi exclusivamente mujeres, que rezaban y entonaban cantos marianos. Tenía la percepción de un lenguaje capaz de no dar importancia sólo a mis debilidades, sino también, si así se puede decir, de tonificarme».
También yo quiero entrar en este lugar precioso, pero antes de penetrar en el corazón más íntimo de la capilla, a los pies de la estatua de la Virgen Negra, decido pararme detrás de una rejilla, a la derecha del vestíbulo: desde este lugar, es aún más emocionante observar a las personas que rezan. He podido admirar el Misterio. Mi corazón ha latido con fuerza, mientras mis ojos estaban atentos a captar todos los pequeños gestos de devoción de las personas.
Apenas elegido Papa, ha afirmado que «Altötting es el corazón de Baviera y uno de los corazones de Europa». Este pequeñísimo pero espléndido y antiguo santuario, junto a Lourdes, Fátima, Czestochowa y Loreto, es uno de los cinco más importantes de Europa. También el Papa Wojtyla lo visitó, en noviembre de 1980, acompañado, entre otros, del entonces arzobispo de Munich y Freising, Joseph Ratzinger. Una estatua de bronce del artista Leo Mol, bien situada en la plaza, recuerda aquella visita apostólica.
Joseph Ratzinger, como su amado predecesor, Karol Wojtyla, es un Papa con una fuerte impronta mariana. Para él, «María es la expresión de la cercanía de Dios... Es conmovedor el hecho de que el Hijo de Dios haya tenido una madre humana y que todos nosotros confiemos en esta Madre».
Con los años, la relación de nuestro Papa con María ha ido creciendo, como él mismo ha explicado: «Cuanto más envejeces, la Madre de Dios se convierte en más querida e importante». Había ya dicho anteriormente, en uno de sus libros, Informe sobre la fe: «Cuando yo era un joven teólogo, antes del Concilio, tenía algunas reservas sobre ciertas fórmulas antiguas, como por ejemplo, aquella famosa Nunca se dirá lo suficiente sobre María. Me parecía exagerado... Ahora, en este período confuso, donde realmente cada tipo de desviación herética parece apremiar a las puertas de la verdadera fe, comprendo que no se trata de exageraciones de los devotos, sino de una verdad que hoy es más válida que nunca... Sí, es necesario volver a María, si queremos regresar a la verdad sobre Jesucristo, sobre la Iglesia, sobre el hombre... María tiene que ser, más que nunca, la pedagogía para anunciar el Evangelio a los hombres de hoy».
Alessandra Borghese