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La exposición Fra Angélico y los maestros de la luz se exhibe en el Museo Jacquemart-André de París hasta el 16 de enero, con 25 obras del autor, flanqueado por trabajos de algunos coetáneos. «Nunca levantó el pincel sin decir una oración ni pintó el crucifijo sin que las lágrimas resbalaran por sus mejillas», se ha dicho de quien ha pasado a la Historia como referente principal del Quattrocento italiano.Por primera vez, el Museo Jacquemart-André, de París rinde homenaje a Fra Angélico, actor elemental de la revolución artística y cultural de principios de siglo XV, y principal figura del Quattrocento italiano. Lo hace con la exposición Fra Angélico y los maestros de la luz, con la que el Museo, en colaboración con los principales museos italianos -entre los que se incluye la Galería de los Uffizi- y diferentes colecciones internacionales, repasa la excepcional carrera del pintor con 25 de sus grandes trabajos y un significativo número de murales pintados por coetáneos como Lorenzo Monaco, Masolino, Paolo Uccello, Filippo Lippi o Zanobi Strozzi.
Fra Giovanni da Fiésole, religioso dominico y pintor cuyo nombre era Guido di Piero da Mugello antes de tomar los hábitos, debe su apodo, Angélico, a los comentarios que sus pinturas suscitaron en el siglo XVI. El pintor se inició en el movimiento artístico denominado Peintres de la Lumière (Pintores de la luz), y combinó el brillo dorado procedente del estilo gótico; junto a ello, una nueva interpretación de la
perspectiva que será el precedente del Renacimiento.
Durante su carrera, Fra Angélico trabajó con manuscritos y pintó en madera utilizando técnicas que pueden apreciarse en sus frescos y trabajos en el convento de San Marcos, en Florencia. Allí se encuentran las que son consideradas sus mejores obras, combinando un estilo delicado y colores elegantes que crean la ilusión de una luz casi mística alrededor de sus figuras. Su aporte con la variación de escenas y el uso de nuevas técnicas le consagrarían como uno de los más importantes artistas de su época.
Gran parte de las temáticas elegidas por Fra Angélico tienen, como era común en este período, connotaciones religiosas. Ejemplo de ello son sus distintas representaciones de la Virgen María. Giorgio Vasari, en su libro Vida de los mejores pintores, escultores y arquitectos, se refiere a él como Fra Giovanni Angélico, y le atribuye un «raro y perfecto talento»; menciona que «nunca levantó el pincel sin decir una oración, ni pintó el crucifijo sin que las lágrimas resbalaran por sus mejillas». De hecho, Vasari dedicó un capítulo a la modestia y a la humildad del pintor. Su estilo se acomodó a los postulados didácticos requeridos por la Orden de Predicadores a la que perteneció, imprimiendo gracia y dulzura a sus imágenes. Sus cuadros mezclan espiritualidad y técnica, con una fuerza que, en poesía, recuerda a san Juan de la Cruz.
Rosa Puga Davila