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Alfa & Omega, 16/05/08 - Las páginas del espléndido Atlas histórico de la cultura medieval recogen los momentos más trascendentales de la historia universal en el que el cristianismo tuvo un papel esencial, en el equilibrio de los poderes y las libertades de las ciudades y personas, inclinando la balanza hacia estos últimos. Imágenes arquitectónicas, pictóricas, mosaicos y mapas, entre otros testimonios, muestran con gran belleza los mil años de la historia de Occidente que abarcó la Edad Media.
Los 22 primeros capítulos relatan y muestran en bellas imágenes los comienzos de la Edad Media, desde la caída de Roma, en el siglo V, hasta los siglos XI y XII. Asimismo, el monacato en Occidente está ilustrado tanto con el monasterio del Sacro speco, de Subiaco, donde comenzó la misión de san Benito, como con un mapa de conjunto del monacato occidental hasta el siglo XV. La mujer y el ascetismo, la Biblia en la Edad Media, las sedes episcopales, la era de las invasiones en los siglos VI al VIII, la liturgia en la época carolingia y las escuelas son otros de los temas que se abordan.
Los capítulos centrales están dedicados al románico, ilustrado con preciosas imágenes de ejemplos arquitectónicos, como la Rotonda de San Tomé en Bérgamo, Italia, de la que se muestra el exterior e interior; las catedrales alemanas de Espira y de Worms... Por otra parte, los diversos conflictos entre ciudades italianas desde finales del siglo XII hasta la segunda mitad del siglo XIII -por las divergencias entre los dos partidos aristocráticos en lucha por la orientación política en los litigios entre estas ciudades- aparecen con ilustraciones de escenas bélicas como la de los güelfos expulsados de Florencia y de Toscana, que atrapan a los gibelinos de Regio Emilia.
Las Órdenes mendicantes fueron un factor muy importante en la cultura medieval, por la inspiración de san Francisco de Asís. Su regla, «vivir en obediencia, en castidad y sin nada propio, y seguir la doctrina y las huellas de nuestro señor Jesucristo», supuso un despertar evangélico. No sólo tuvieron un gran protagonismo por este cambio que la regla marcó en sus vidas, sino también por el compromiso cultural que asumieron. Al poco tiempo de surgir estas Órdenes, el mundo estudiantil empezó a ser de su interés. De este modo, los frailes llegaron pronto a París, capital de los estudios teológicos. Sin embargo, su presencia en la universidad causó, en el año 1250, «el fastidio de los docentes seculares, que se trocó en abierta hostilidad, y en 1255 los regulares fueron expulsados de la universidad. Esa acción provocó la reacción del Papa Alejandro IV, que optó a favor de la enseñanza de los mendicantes condenando los escritos de Guillermo de Saint-Amour (1256), que había teorizado su carácter subversivo», según explica en el libro Costante Marabelli.
Las páginas donde se cuenta la relevancia cultural de los frailes están ilustradas con escenas de la vida de Ramón Llull, franciscano del siglo XII, santo Domingo y el Beato Angélico, procedentes del Tríptico de Perugia; y dos mapas que muestran la difusión de los franciscanos en Europa hasta el año 1300 y la de los dominicos, respectivamente.
El Atlas instruye también sobre la Universidad en la Edad Media, los cistercienses, las ciudades, las comunas y el comercio, las formas del Derecho... En este apartado aparece, en una página completa, a todo color, un vitral de la catedral de Le Mans, en Francia, en la que se vislumbra el peso de las almas o representación de la Justicia. Las herejías medievales, el pensamiento judío y las cortes itinerantes se relatan igualmente en esta parte del libro.
En los últimos capítulos, se aborda la separación entre Occidente y Bizancio en el siglo XI, pasando por las fiestas y ferias; la naturaleza y las ciencias; el campo y la ciudad en el siglo XIV y las relaciones entre Europa y el mundo del siglo XII al XV, hasta el camino hacia la nueva época del siglo XV al XVI. Por último, aparece el gótico. En estas páginas, el lector puede contemplar las vidrieras en las que se encuentran Dios y Moisés frente al arca de la Alianza en la Sainte-Chapelle de París, en Francia.
Mª del Pilar Blázquez