lfa & Omega, 14/03/07 - A medida que pasan los meses, más nos preocupamos por la implantación de la asignatura de Educación para la ciudadanía, lamentando que el cuerpo social español no sea consciente de la importancia que para las nuevas generaciones pueda tener. Se trata de una nueva tiranía, de un intento de cambiar el modo de ser y de pensar de niños y adolescentes.
Desde la Cátedra de Laicidad, de la Universidad Carlos III de Madrid, nos llegan las palabras de su Rector, don Gregorio Peces Barba: «Esta asignatura justifica toda la legislatura».
El hecho religioso es incompatible, según este catedrático, con un determinado concepto de ciudadanía. Se sustituye a Dios por el Estado, un dios provisional pero omnipotente. El hombre moderno quiere ser la medida de todo. Lo legal es lo moral; la ley natural y la libertad de conciencia dejan de existir.
No hace mucho, el Presidente de la República Italiana afirmaba que la Iglesia y el Estado debían trabajar juntos en defensa de los valores morales y de la legalidad, sin olvidar las raíces cristianas de la sociedad italiana, dando la razón, en una incipiente guerra sobre símbolos religiosos, a la presencia de los mismos en la escuela. Sólo un Jefe de Estado no católico podía hablar así sin que le lloviesen infinidad de acusaciones.
Más tarde, en su visita al Papa, Giorgio Napolitano afirmaba: «Una nación no puede desprenderse de su componente espiritual, debiendo sus gobernantes buscar el bien en la tutela de la familia, de la vida y la libertad de educación».
En Educación para la ciudadanía se habla de pensamiento laico, de moral laica, de ciencia laica. Se presenta una visión arreligiosa de la vida, del pensamiento y de la moral, una visión en la que no hay lugar para Dios.
La nueva tiranía consiste en anular cualquier forma de conocimiento basado en la traditio. Se transmite a los jóvenes la creencia absurda de que pueden erigirse en maestros de sí mismos y convertir sus impresiones en una nueva forma de conocimiento. Se crea un nuevo sistema de valores en aras de la libertad ilimitada que la tiranía les concede. La familia no es querida, siendo presentada como un reducto de arcaico autoritarismo. Crear hombres nuevos, naúfragos en un mundo sin cimientos ni asideros, es el objetivo de la nueva asignatura.
Desde aquí damos un toque de atención a los padres de familia, a los religiosos y educadores, y a la sociedad en general para que, en conciencia, se opongan a esta asignatura de forma valiente. Es el momento no sólo de caminar, sino de remar mar adentro con todas las fuerzas, pues, como afirmaba Dostoyevski, si Dios no existe, todo está permitido.
Soledad Porras Castro