lfa & Omega, 19/02/06
La víspera de la festividad de la Virgen de Lourdes, el hospital madrileño del Niño Jesús recibió la visita del cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela.
No era la primera vez que acudía en visita privada, y, como subrayan los responsables de comunicación del hospital, siempre ha sido bien acogido, tanto por los enfermos, como por los trabajadores del centro.
El Niño Jesús es el único hospital público pediátrico que existe en Madrid; tiene cabida para 200 camas y acoge a niños hasta los 18 años. Hasta hace tan sólo unos meses, se encontraba a cargo de la Compañía de las Hijas de la Caridad, ya que fue fundado, hace 128 años, por la marquesa de Santoña, y donado a estas Hermanas para hacer un asilo y, posteriormente, el hospital para niños.
La visita del arzobispo de Madrid comenzó con la celebración de la Eucaristía en la pequeña y acogedora capilla del Hospital, concelebrada también por el Vicario episcopal de la zona, don Juan José del Moral, y el capellán del Hospital, don Juan Pedro Privado. En la monición de entrada de la Misa, a la que acudieron personal médico, niños y familiares de enfermos, el cardenal Rouco explicó que venía «con mucho interés para rezar por los niños enfermos, en esta víspera de la Virgen de Lourdes». Los asistentes pudieron escuchar, en palabras del arzobispo de Madrid, la historia de las apariciones de la Virgen en Lourdes y el sentido que tiene para los enfermos acudir hasta allí. «También Juan Pablo II –recordó don Antonio– peregrinó a Lourdes poco antes de morir».
«Hoy los médicos y psicólogos –dijo en la homilía– reconocen que, cuando una persona es querida, puede curarse mejor. El Señor nos ha hecho comprender que el sufrimiento físico tiene que ver con el dolor moral. Claro que no en este hospital, pero sí es cierto que asumir este dolor libremente es lo que nos salva. A nadie le gusta perder la salud física, pero tenemos que saber que ése no es el fin último. Hay que pedirle al Señor que los niños sean cuidados con todo el amor, y que lo que ellos sufren sea también una ofrenda de amor a los demás, y que para todos sea ocasión de lanzar una oración a Dios: Salud y conversión.
Que sanemos nuestro corazón. Hay que pedirle a Dios, pues cuanto más se le pide, más nos abrimos al amor de la Cruz de Cristo. Muchos dicen: Yo no pido, porque Dios lo sabe todo y sabe lo que necesito. Pues no, no se trata de enseñarle nada a Dios, porque Él lo sabe todo. Lo que hay que hacer es abrirle nuestra alma a Dios, como un niño habla con su padre».
Tras la Eucaristía, el cardenal arzobispo de Madrid, acompañado de la gerente del Hospital, doña Margarita González Grande, visitó a los niños enfermos en sus habitaciones.
A. Ll. P.