lfa& Omega, 04/03/07 - Se llama Stefano, como el médico que le atendió en el Policlínico Casilino, en Roma. Tiene tres meses, está en perfecto estado de salud y es el primer niño dejado por su madre -de quien no se tiene ningún dato- en la cuna preparada a tal efecto por el hospital. En la zona, en los últimos dos años, han abandonado a 30 niños, la mayoría en cubos de basura. Por eso, las autoridades del centro médico se decidieron a recuperar el tradicional torno de los conventos y evitar así poner en peligro sus vidas.
Los tornos, que surgieron a principios del siglo XIII con una Bula del Papa Inocente III, horrorizado por la cantidad de niños que eran arrojados al Tiber, desaparecieron el siglo pasado. Sin embargo, en los últimos años han vuelto a algunos lugares de Europa, como a Alemania, Suiza o la República Checa. En España, hubo un intento reciente, pero las autoridades no permitieron que se mantuviera abierto, porque consideraron que hay medios suficientes para entregar a un niño no deseado. Como explican desde la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, la renuncia a un hijo es un proceso relativamente sencillo en el que se garantiza la confidencialidad; de hecho, se dan entre 50 y 60 casos cada año, mientras sólo suele haber media docena de abandonos.
Sin embargo, aunque los datos son reservados, no hay anonimato, y eso asusta a muchas madres. Además, la actual ley sobre adopciones está obsoleta, según explica doña Pilar Gutiérrez, presidenta de la asociación Unidos por la vida (www.unidosporlavida.org). El que se permita al niño adoptado conocer su origen hace que muchas mujeres rechacen la idea de dar a un bebé en adopción, por miedo a que el día de mañana se lo eche en cara. Para doña Pilar, el tradicional torno es sólo una solución provisional, pero es mejor que abandonar a un bebé en la calle a su suerte, que además es un delito recogido por el Código Penal. Un torno garantiza, al menos, que el niño queda en buenas manos.
María Solano Altaba