rancisco ha presidido este sábado la apertura del 94°año judicial del Tribunal del Estado Vaticano. Para la ocasión, han acudido también al encuentro el Ministro de Justicia Italiano, Carlo Nordio, y un destacado miembro del equipo de gobierno de Giorgia Meloni, Alfredo Mantovano quien, antes de convertirse en Subsecretario de Presidencia, era el presidente de Ayuda a la Iglesia Necesitada en Italia.
El Papa ha evocado en primer lugar la pandemia y cómo, a consecuencia de la emergencia, se había extendido la solidaridad y la capacidad de colaboración. Sin embargo, cuando parecía que se salía del túnel, la llegada de la guerra en Ucrania ha hecho «caer de nuevo al mundo en una crisis profunda agravada por muchos conflictos que siguen produciéndose en otros países». Las guerras, ha recordado Francisco, «son un camino a la autodestrucción». Por eso, el Pontífice ha asegurado que «ante estos escenarios crece en nosotros el anhelo de paz y justicia. La necesidad de dar testimonio para ayudar a construir la paz y la justicia se fortalece en nuestra conciencia, hasta el punto de convertirse en un imperativo». Sobre todo, para los cristianos, llamados a anunciar la paz, ha explicado el Papa que ha insistido en que la paz exige el compromiso por la justicia. «La paz sin justicia no es una auténtica paz, no tiene una base sólida y tampoco posibilidad de futuro».
Ante estos jueces y fiscales, Francisco ha insistido en que «la justicia no es una abstracción o una utopía». También ha explicado que administrar justicia no es solo aplicar las reglas, sino también «es la virtud por la que damos a cada uno lo que merece». En consecuencia, ha invitado a estos profesionales a cultivar esta virtud, fundamental en su labor, especialmente en el caso de los Tribunales del Estado Ciudad del Vaticano que han de juzgar de acuerdo a fuentes canónicas y civiles.
El Papa ha lamentado que en estos años hayan aumentado los procesos y también la gravedad de las conductas que los han provocado «sobre todo, en el ámbito de la gestión patrimonial y las finanzas». En curso está el proceso sobre la malversación de fondos de la Secretaría de Estado que implica al cardenal Becciu.
«Aquí hay que ser claros y evitar el riesgo de confundir el dedo con la luna: el problema no son los procesos, sino los hechos y comportamientos que los determinan y los hacen dolorosamente necesarios. De hecho, tales comportamientos por parte de los miembros de la Iglesia dañan gravemente su eficacia a la hora de reflejar la luz divina», ha sentenciado el Pontífice no sin antes apelar también a la misericordia con «quienes se ven sometidos a la prueba del juicio». Una prueba, ha concluido Francisco, que en cualquier caso se hace necesaria cuando ciertas conductas «oscurecen el rostro de la Iglesia y provocan escándalo en la comunidad de los fieles».