!--ned//-->
Alfa & Omega, 13/12/08 - Cuando María Ángeles Fernández decidió adoptar, lo hizo consciente de que «la adopción, exactamente igual que la maternidad o la paternidad biológica, es apertura a la vida. Los padres somos un medio de Dios para la vida. La única diferencia de serlo mediante la adopción es que los niños han nacido de otros padres que, por alguna circunstancia, no les han podido atender, y somos otros los que continuamos ese camino».
Pero la responsabilidad hacia los hijos es idéntica. Desde esa convicción, la periodista, directora y presentadora del programa Últimas preguntas, en TVE , y Horizontes, en RNE, ha escrito Adopción, un libro que a la autora le gustaría «que trasmitiera esperanza, eso sí, siendo realista y sin olvidarme de las dificultades que a veces se presentan con la adopción. Me gustaría, además, que fuese útil a los padres que están adoptando o han adoptado, pero también a su familia más extensa y sus amigos, a los profesionales que en algún momento se van a encontrar con ellos (médicos, profesores, psicólogos, etc.), para que conozcan mejor la realidad de esos niños y esos padres. He tratado también de aclarar algunos tópicos y creencias erróneas referidas a este tema, de trasmitir que la llegada de un niño a una familia por esta vía es mucho más que unos trámites burocráticos. Es la respuesta en forma de amor por parte de los padres y de los hijos a una vocación que nació del Amor».
Dios, el apoyo en los momentos difíciles
Mientras esperan encontrarse para conocerse y emprender una vida en familia, padres y niños pasan por momentos duros. En su caso -dice María Ángeles-, «cuando me enfrento a momentos más duros en el proceso de adopción, la fuerza la saco de la fe en Dios y la esperanza de que Él, que nos tiene agarradas fuertemente a mi hija y a mí de sus manos, nos acerque cada día un poco más hasta que, por fin, podamos estar juntas. Y la fuerza también me la da, desde México, mi futura hija de cuatro añitos. Ella, como todos los niños que están en los orfanatos o casas de acogida, son quienes realmente más están esperando... Rezo cada día por que esté bien y para que este tiempo de espera sea un tiempo de gracia para ella».
Un hogar feliz
Una vez acabado el proceso de adopción, cuando los niños ya están en el seno de su nueva familia, llega el momento de hablar de adaptación o integración del pequeño a su nuevo entorno. Es entonces cuando, en su libro, María Ángeles habla de un hogar feliz. La periodista se apoya en el estudio La adaptación familiar, de Ana Berástegui, investigadora del Instituto Universitario de la Familia (IUF), de Comillas, según el cual, la mayoría de las familias que han adoptado un niño creen, tras más de dos años de convivencia, que la adaptación ha sido satisfactoria, en concreto un 76,7%; que su vida familiar se ha enriquecido, un 81%; que merece la pena adoptar pese a las dificultades, un 89,6%; un 94,5% consideran que su hijo es ya uno más de la familia; que ser padre le hace sentir bien, un 83,2%; y que adoptarían al mismo niño, un 88,3%. En todo caso, doña María Ángeles Fernández cree muy importante dejar claros una serie de puntos. Por ejemplo: «Algunas personas opinan que la adopción es un modo de solidaridad, más aún si se adopta un niño con cierta enfermedad o discapacidad grave. No es así. Según el diccionario de la RAE, la solidaridad es la adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros. Pero la paternidad o la maternidad es mucho más que una unión ocasional a una causa ajena, por muy noble que ésta sea. La persona que quiera ser solidaria con un niño y ayudarle a que tenga una vida digna puede hacerlo de muchas maneras, sin duda maravillosas. Pero aquí estamos hablando de personas que queremos ser sus padres».
V. Gutiérrez