!--ned//-->
«Mis reflexiones me han acercado siempre al catolicismo, en el que veo la realización del judaísmo. Me habría convertido, si no hubiera visto desde hace varios años la ola formidable de antisemitismo que está barriendo el mundo. Yo quería estar entre los que mañana serán perseguidos»: éste fue el testamento redactado por el gran filósofo parisino Henri Bergson, cuatro años antes de su muerte, el 4 de enero de hace setenta años. De ascendencia judía, Bergson (1859-1941) pidió a un sacerdote católico recitar las oraciones de su funeral.
Bergson influirá, a través de sus estudios y sus investigaciones filosóficas, en figuras importantes del catolicismo francés: Jean Guitton, Jacques y Raissa Maritain, el jesuita Pierre Teilhard de Chardin y Valentin Auguste, entre otros. En 1927, se le concedió el Premio Nobel de Literatura por sus ensayos filosóficos. Una herencia, la de Bergson, que sigue viva hoy, 70 años después de su muerte gracias a sus escritos.
«Es el gran descartado de la filosofía contemporánea -según revela Vittorio Mathieu, profesor de Filosofía moral en la Universidad de Turín-. Su mayor contribución fue la de intentar crear una alianza entre las ciencias biológicas y la metafísica». El profesor Mathieu recuerda que Bergson fijó su atención en la concepción del tiempo y de la relatividad enunciada por Einstein: «Él trató de explicar el principio de la relatividad de Einstein. Su ensayo será retirado más tarde, a petición suya, pero esto revela su intento de respuesta, en clave filosófica, a este asunto».
Y sobre la relación entre la filosofía y la ciencia, el académico turinés señala que «Bergson no estaba obsesionado por el posible conflicto entre la tecnología y la filosofía, como le sucedió a Martin Heidegger y hoy a Severino. La técnica, para él, no estaba llamada a suprimir el alma». No por casualidad el gran Charles Péguy verá en Bergson a aquel que logró romper las cadenas del intelectualismo científico. «Así es -asegura el joven teólogo y profesor en la Facultad de Teología de Italia Meridional, el franciscano Edoardo Scognamiglio-; Bergson nos ayuda a acercarnos al misterio de la existencia con mayor respeto y libertad, ya que nos salva de las ataduras sofocantes del cientificismo y el tecnicismo». El religioso franciscano ve en Bergson un «verdadero e incansable buscador de sentido», con una visión antropológica muy similar al catolicismo: «Su concepción de la persona está más cercana al judaísmo que a los griegos».Un campo de estudio muy especial para el filósofo parisino es el de la mística cristiana: era un apasionado de santa Catalina de Siena, santa Teresa de Ávila, san Juan de la Cruz y santa Juana de Arco. Junto con el Evangelio, los místicos cristianos fueron para él el elemento fundamental de su acercamiento al catolicismo en sus últimos años. Todo esto muestra que el gran pensador había llegado a las puertas de la Iglesia. Como afirmaría la propia esposa de Bergson, «aun adhiriéndose moralmente al catolicismo, mi marido había decidido, al mismo tiempo, no dar el paso decisivo del Bautismo». A este respecto, comenta Scognamiglio que «Bergson ve a Jesús como el portador de una moral paradójica. Cristo se convierte para él en una imagen del místico completo que se abre totalmente al verdadero sentido de la alegría y la emoción creativa». Una última reflexión de Scognamiglio revela que, «poco antes de su muerte, Bergson pensó en el cielo y la eternidad, y tuvo visiones místicas. Sin duda, estas señales prodigiosas acompañaron la experiencia espiritual y no sólo académica de Henri Bergson. Basta pensar en cómo, en sus escritos, Cristo se convierte para él en energía vital, el portador de vida y del entusiasmo creativo. No es casualidad que su idea del hombre en Cristo nunca está orientada hacia la muerte, de acuerdo a la comprensión de Heidegger, sino siempre dirigida hacia la vida».
Filippo Rizzi
Una experiencia mística
Un testimonio privilegiado de la cercanía de Bergson al catolicismo es el de su discípulo Jean Guitton: «Gracias a algunas confidencias que hizo la hija de Bergson a mi mujer, sé que Bergson tuvo al menos una experiencia mística, que le marcó profundamente. Esta experiencia le orientó hacia la religión católica. Es evidente que él creía en un Dios personal, al que se puede rezar. Creo que Bergson se quedó a las puertas del catolicismo, como aquel que llama a la puerta pero no llega a entrar».