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¿Qué situación han encontrado en Haití, un año después del seísmo?
La situación política y social es muy preocupante, porque las elecciones de noviembre arrojaron unos resultados bastante difíciles de dar como buenos y la situación está bastante tensa. Faltan estructuras sociales básicas, y la ayuda llega a través de las ONG, que hacen lo que pueden. En la Iglesia está el dolor de haber perdido en el terremoto muchos de sus efectivos, pero el trabajo continúa en las escuelas y hospitales que hemos visitado, donde hemos llevado una palabra de esperanza. La situación es caótica y en los campos de desplazados hay una pobreza extrema, pero la gente no quiere moverse de allí, porque tienen lo que no les ofrecen sus casas: seguridad, medicinas, hospitales...
¿Cuáles son ahora las principales necesidades del pueblo haitiano?
Las necesidades de Haití son de todo tipo, sobre todo seguridad política, pero eso la Iglesia no lo puede ofrecer. En este aniversario, hemos realizado una nueva llamada a la caridad y la solidaridad, porque allí la Iglesia está organizada y los misioneros no han abandonado sus lugares, pero necesitan fondos para reconstruir hospitales, escuelas, el seminario interdiocesano o la catedral, que está completamente derruida. Otro aspecto lo constituyen los traumas de tipo psicológico. Muchas personas han sufrido mucho y tienen pánico a volver a una construcción normal; por eso, siguen viviendo en las tiendas.
¿ Cómo ha vivido y trabajado la Iglesia este año en Haití?
Justo cuando se cumplió un año del terremoto, estuvimos con los seminaristas y tuvimos unos minutos de oración por las víctimas, ante el Santísimo. La Iglesia estaba allí, está y estará, porque vive el misterio de la Encarnación en medio de las personas, y no necesita muchos medios para ponerse a trabajar. Nuestros operadores pastorales no cobran sueldos, no tienen grandes medios, pero están allí. Mientras tanto, otras organizaciones humanitarias van por un tiempo y, cuando se acaban los fondos, se tienen que volver. El Consejo Pontifico Cor Unum es el organismo vaticano que se encarga de ayudar y coordinar las agencias católicas de ayuda, además de hacerse presente, en nombre del Papa, en las emergencias y las catástrofes. Hemos visitado las misiones de la Iglesia, además de reunirnos con organizaciones humanitarias católicas que trabajan allí, para agradecerles la labor que realizan. Les hemos recordado la necesidad de no perder la identidad cristiana. Algunas de estas agencias tienen tendencia a secularizarse, a dejar aparte la propia identidad cristiana en el trabajo humanitario, cuando es ese testimonio el que da valor a lo que hacemos.
Qué ha supuesto su nombramiento como Subsecretario del Consejo Pontifico Cor Unum?
Estoy contento y agradecido. Es para mí un signo de la elección del Señor. Siempre queda en mí mi vocación misionera: estuve 9 años en Albania, y allí dí mis primeros pasos como sacerdote, en medio de los pobres. Y así como no elegí mi primer destino, tampoco he elegido éste: el Señor lleva nuestra historia por senderos que no podemos imaginar. Lo que espero es, como dice san Pablo, llegar a la meta: conservar la fe.
¿ Cuál es su vinculación con el futuro y ya cercano Beato Juan Pablo II?
Yo soy un hijo espiritual de las Jornadas Mundiales de la Juventud, al haber asistido a casi todas ellas, desde Roma, en 1984. Para mí es un hombre que nos ha hecho desinstalarnos, movernos. Es un hombre que ha dado signos de santidad en grado heroico. Todos esos signos y, sobre todo, el sensus fidei hablan de su santidad. Tuve la fortuna de estar en Roma en el funeral y de poder ir a rezar todos los días ante su féretro entre esa gran multitud que esperaba días enteros para pasar diez segundos ante el Papa. Ésta es una voz muy importante para declarar la santidad.
¿ Qué espera de la próxima Jornada Mundial de la Juventud de Madrid?
Que se renueve nuestra llamada a ser cristianos de verdad, porque hoy la gran pregunta que tenemos que hacernos es qué significa ser cristiano. Yo estaré allí, porque, siendo de Carabanchel, puedo ir a Cuatro Vientos, desde mi parroquia de San Roque, caminando.
Faustino Catalina