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Alfa & Omega, 01/07/08 - El mismo día que salía de la imprenta su libro San Pablo en sus cartas, don Mariano Herranz moría en Madrid, tras 19 años con una hemiplejia que le paralizó la parte derecha y le dejó sin visión el ojo derecho, pero quedando intacta su mente, de tal modo que han sido para él, y para toda la Iglesia, años extraordinariamente fecundos al servicio de la Sagrada Escritura. Murió sin llegar a ver el libro, pero lo había pensado y preparado él, con su habitual exquisita minuciosidad. No se trata, por tanto, de un homenaje al maestro Mariano Herranz. Es en realidad su homenaje, en el Año Paulino, al Apóstol de las gentes, cuya persona y cuyas cartas estudió profundamente y enseñó con verdadera pasión a sus alumnos. ¿Su secreto? La misma pasión por Cristo que llenaba el corazón y la obra del Apóstol. Así decía, una y otra vez, don Mariano: «Es imposible hablar de san Pablo sin hablar de Cristo»; y ya en el primer capítulo del libro, a propósito de la segunda carta a los Corintios, en que puede dar «la impresión de que el Apóstol pasa la raya de una justa defensa y una debida modestia al hablar de sí mismo», escribe con toda razón: «Lo que san Pablo defiende con energía no es su persona o su prestigio, sino su apostolado, que no es suyo, sino de la Iglesia, de Cristo. Por eso en realidad aquí no habla de sí, sino de Cristo y de la Iglesia».
Los quince capítulos del libro, todo un tratado, tan ameno y asequible a todos como profundo y con todo el rigor de la auténtica ciencia bíblica, sobre la persona y la misión de san Pablo, nacieron en los años 1976 y 1977, formando parte de la colección, iniciada en 1974, Cuadernos de Evangelio, en la que colaboraban los discípulos de don Mariano, a quien seguían fielmente en la más exigente preparación en los estudios bíblicos, que muchos de ellos completaron en La Escuela Bíblica y Arqueológica de Jerusalén, donde fueron dados a conocer como La Escuela de Madrid. Se publicaron entonces una veintena de estudios sobre san Pablo, obra directa de don Mariano, con toda su fecunda experiencia como profesor de hebreo y de exégesis del Nuevo Testamento, y en particular de las cartas paulinas, en el Seminario de Madrid y en la Facultad de Teología de Comillas. Ahora aparecen en San Pablo en sus cartas, debidamente corregidos y preparados por el propio profesor Herranz, y la colaboración del discípulo que ha trabajado más unido a él desde los inicios, José Miguel García.