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Alguien podría decir que Joseph Ratzinger no es biblista, sino teólogo, y uno, por cierto, de los más grandes contemporáneos. Podría pensarse que son otras obras suyas, como su famosa Introducción al cristianismo (un clásico ya del pensamiento contemporáneo cristiano), o su primera encíclica, Deus caritas est, las que merecen el título de el libro de su vida. Y, sin embargo, este libro es especial y, en cierto sentido, supera a los otros...
Cuestión de vida o muerte
Como el Papa confiesa, el sentido de su vida ha sido y es Cristo, el amigo que le llamó a seguir sus huellas, como lo hizo, hace dos mil años, en el lago de Tiberíades a Cefas, el apóstol Pedro, su predecesor. Si Jesús no hubiera existido, o el personaje real fuera tan distinto del que presentan las Escrituras, como afirman diversos teólogos, entiende Joseph Ratzinger que su vida habría sido un desperdicio. Si Cristo no era más que un sabio judío, muerto y sepultado, la vida de este alemán, que a los 19 años decidió consagrarse totalmente a Él, quedaría truncada. Si Cristo no resucitó, ¿de qué sirven todos los años que ha dedicado a la investigación y a la enseñanza de Su mensaje de salvación? ¿Y qué sería entonces su pontificado, sino un teatro, una farsa?
Ésta es la cuestión central en la vida de Joseph Ratzinger. Ya cuando era colaborador de Juan Pablo II, en la Congregación para la Doctrina de la Fe, le pidió al entonces Papa poder retirarse para dedicarse en cuerpo y alma a investigar la vida de Jesús, y mostrar, a la luz de los últimos estudios científicos, que el Jesús que presentan los cuatro evangelistas es realmente el Hijo de Dios, el Salvador que, desde hace dos mil años, anuncia la Iglesia, por el que millones de personas han dado la sangre en estos veinte siglos. Juan Pablo II no quiso privarse de la colaboración de su fiel amigo teólogo, de manera que el cardenal Ratzinger se puso a sacar tiempo de sus horas de sueño y de sus vacaciones para comenzar esta aventura. Pero su pasión por escribir este libro era tan grande, que, cuando el 19 de abril de 2005, los cardenales le eligieron como obispo de Roma, tras la conmoción inicial, no cejó en este empeño. De ese modo, ha dedicado, incluso como Papa, su poco tiempo libre a investigar y escribir estos volúmenes, que, de algún modo, son volúmenes de su vida.
Su herencia a la Iglesia
Matthew Levering, profesor en la Universidad Ave Maria University, de los Estados Unidos, considera que «Jesús de Nazaret será la gran herencia de Benedicto XVI» a la Iglesia. Ratzinger se formó en tiempos en los que la interpretación (exégesis) de la Biblia se encomendaba al método histórico-crítico. Gracias a este método, han surgido nuevas posibilidades para comprender el texto en su sentido original. Pero este método, que ha tenido evidentes elementos positivos, encierra también peligros, ante los que alertó ya el cardenal Ratzinger en 1993, en particular con el documento de la Comisión Pontificia Bíblica La interpretación de la Biblia en la Iglesia. La búsqueda del sentido originario de la Palabra, afirmaba el entonces purpurado, puede encerrar la Palabra exclusivamente en el pasado, de manera que su alcance para el presente deje de ser percibido. El resultado puede ser que sólo la dimensión humana de la Palabra aparezca como real, mientras que el verdadero autor, Dios, se escapa a un método que, en realidad, había sido creado para interpretar otros textos surgidos de la pluma del ser humano.
El periodista británico Simon Caldwell, encargado de la promoción del volumen, está convencido de que «el Papa ha vuelto a demostrar, una vez más, su capacidad para sorprendernos. No es un volumen teológico aburrido. Es una meditación sobre la persona de Jesús durante Su pasión, muerte y resurrección, realizada por uno de los intelectuales más grandes de la Iglesia. Si el Papa busca acercar a los católicos a Cristo escribiendo Jesús de Nazaret, creo que logrará su objetivo», añade, insistiendo en que el ritmo narrativo facilita este objetivo. Ahora bien, advierte Caldwell, el Papa no sólo se dirige a los católicos, sino a toda persona que esté intrigada por la persona de Jesús.
El sacerdote don Massimo Camisasca, amigo de Ratzinger y Superior General de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo, explica la importancia decisiva de este libro aclarando que, «si hay un deber del Papa, éste consiste en interrogarse sobre quién es Cristo para él, para los hombres y para el mundo». El resultado, dice este sacerdote italiano, es que el Papa mostrará con este volumen cómo «el Jesús que la fe, es decir, la tradición de la Iglesia, nos ha transmitido, no es un personaje inventado, el fruto de un sentimiento irracional, que no sabe atenerse a los hechos. Realmente existió y tenemos muchos testimonios de Él casi contemporáneos a su misma existencia. Fe e Historia no se excluyen, sino que se integran mutuamente».
Y aquí está precisamente el riesgo de este libro, que se publica hoy en siete idiomas: alemán, italiano, inglés, español, francés, portugués y polaco. El Papa, al escribir estas líneas, deja al lado su autoridad magisterial como Papa y se echa al terreno de juego de los investigadores, exegetas y teólogos, para ofrecer las conclusiones de la investigación de toda una vida. Este libro es de Joseph Ratzinger que, claro está, también es Papa. Pero, como dijo en la introducción al primer volumen, no es un libro de magisterio, y «cada cual tiene libertad para contradecirme. Sólo pido a los lectores el anticipo de simpatía sin la cual no existe comprensión posible».