uentan que, cuando le encomendaron la restauración de la catedral de Mallorca, estuvo Gaudí un año completo yendo por las mañanas al templo para imbuirse de él. Solo entonces, cuando ya lo había observado, sentido, palpado y rezado, presentó al obispo su proyecto. Así era él. Fue en 1903. El arquitecto catalán llevaba ya 20 años de trabajo en la Sagrada Familia de Barcelona, dirigiendo unas obras que había asumido el 3 de noviembre de 1883. Casi exactamente 140 años después, el próximo 12 de noviembre, el cardenal Omella, arzobispo de la diócesis, inaugurará las torres de los Evangelistas en un nuevo hito en el desarrollo de la basílica. Su rector, Josep María Turull, sostiene en Alfa y Omega que, si Gaudí viviera, estaría «muy contento», sin importarle el siglo de más porque, como él decía, «mi amo no tiene prisa». «Esto tan espectacular», añade el rector en referencia a la obra del arquitecto catalán, «no es fruto de un sueño de una noche de verano, sino de mucho tiempo de meditación, de trabajo, de oración». Por eso, «el planteamiento de Gaudí tan evangélico y evangelizador solo puede ser de alguien muy unido a Dios y que rezuma santidad».
La idea del arquitecto, apunta el rector, es que desde la calle se levanten los ojos hacia arriba: lo primero que se ve son las doce torres de los apóstoles. Si se sigue, se llega a las torres de los Evangelistas, que «nos conducen a levantar un poco más la mirada», hacia la torre de Jesucristo, cuya conclusión está prevista para 2026. «La belleza es capaz de hacer abrir la boca de admiración y el corazón a Dios», afirma Turull, que es lo que le sucede a la gente cuando acude a la Sagrada Familia. Gaudí consigue provocar el asombro, añade, ese del que el Papa Francisco habla como un elemento fundamental de la liturgia y ese que abre a Dios. En las celebraciones en el templo, «todo, el espacio, la luz, la música, nos lleva a vivir el misterio y, como Gaudí quería, se participa en cada Eucaristía ya de la Jerusalén celestial y de la máxima comunión con Dios».
En la ceremonia del domingo, que contará también con la presencia del nuncio del Papa en España, Bernardito Auza, se bendecirán estas cuatro torres recién estrenadas. «La bendición es una manera de ponerlas en manos de Dios y de pedir que sean instrumento para que su bien llegue a más gente». Así, igual que la torre de María «encendió la estrella de la esperanza en tantos corazones», en este caso las torres «quisieran invitar a redescubrir los cuatro Evangelios para, a través de ellos, conocer mejor a Jesucristo, amarlo más y seguirlo más intensamente».
[n]Una basílica construida a fuego lento[/n]
[n]1883: [/n]Gaudí asume la obra. Ya estaba la cripta, neogótica. Él deja volar la imaginación al compás del Espíritu.
[n]1926: [/n]Muere Gaudí, a punto de cumplir los 74 años. Su causa de canonización se encuentra en la actualidad en la fase romana.
[n]1958: [/n]Se coloca en la fachada del Nacimiento el conjunto escultórico de la Sagrada Familia, de Jaume Busquets.
[n]2010: [/n]El Papa Benedicto XVI dedica la basílica y, once años después, se enciende la estrella de la torre de María.
[n]2026: [/n]Está prevista la finalización de las obras con la inauguración de la torre de Jesús, la más alta, de 172 metros.