lfa & Omega, 02/08/07 - Hace unos días, el Vaticano anunció que compensará todas sus emisiones de CO2 durante este año creando un nuevo bosque en el Parque Nacional Bukk, de Hungría. El cardenal Paul Poupard, Presidente del Consejo Pontificio de Cultura, al presentar esta iniciativa, manifestó el interés de la Iglesia por el mantenimiento y cuidado de la naturaleza: «El Vaticano hará su pequeña contribución para la eliminación de las emisiones contaminantes de CO2, que están amenazando la supervivencia del planeta». El cardenal hizo referencia a unas palabras de Benedicto XVI, invitando a la comunidad internacional a «respetar y fomentar el desarrollo de una cultura verde, caracterizada por valores éticos».
El Papa, ya desde el inicio de su pontificado, se ha interesado por los problemas medioambientales, siguiendo la idea presentada por Juan Pablo II en la Carta apostólica Novo millennio ineunte, del año 2001: «¿Podemos quedar al margen ante las perspectivas de un desequilibrio ecológico, que hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta?» Benedicto XVI hace hincapié en la responsabilidad que tiene el hombre en el cuidado de la creación que Dios le ha ofrecido: «El libro del Génesis cuenta cómo Dios colocó al hombre como guardián de la tierra para hacerla fructífera, y cuando el hombre olvida que es un fiel sirviente de la Tierra, ésta se convierte en un desierto que amenaza la supervivencia de toda la creación».
Los problemas sobre ecología y cuidado de la naturaleza son parte destacada de la doctrina social de la Iglesia, proclamando que la naturaleza es para el hombre, y no al contrario, alejándose de ideologías que van en contra de la moral cristiana y proponiendo que el hombre no debe instrumentalizar la naturaleza. La Iglesia siempre ha defendido, desde su doctrina social y desde diversos organismos pontificios, la necesidad que tiene el hombre de cuidar su entorno, aceptando el mandato de conservación y desarrollo de los pueblos beneficiando a los más pobres, aunque sin atribuirse un derecho absoluto sobre la ciencia y la naturaleza.
En el mes de abril, dentro del seminario internacional del Vaticano titulado Cambio climático y desarrollo, organizado por el Consejo Pontificio de Justicia y Paz, el cardenal Renato Martino, su Presidente, aseguró que la Iglesia reconoce el fenómeno del cambio climático como un problema sobre el que reflexionar y establecer medidas, pero rechaza el enfoque catastrofista que ciertos ecologismos defienden. El cardenal Martino se refirió, en particular, a las teorías que sostienen que el aumento de población del planeta es el origen principal del problema medioambiental. Por esta vía, estas teorías promueven el aborto y la esterilización masiva en los países pobres con alta natalidad. El cardenal Martino califica estos catastrofismos ecológicos como «formas de idolatría de la naturaleza que pierden de vista al hombre». Propone, frente a ellos, un ecologismo bien entendido, de raíz cristiana. «La Humanidad debe cultivar y proteger la creación de Dios».
Juan Ignacio Merino