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Alfa & Omega, 14/10/08 - Soy padre de dos hijos, e hijo de una mujer que quiso abortar y que se arrepintió en la camilla de una clínica de Londres. Por esto puedo hablar muy alto, y decirles a las mujeres sin recursos que si mi madre, sola y desesperada, con un empleo precario, pudo sacarme adelante y procurarme una educación universitaria superior, otras también podrán hacerlo. Y si no, otros cientos estamos dispuestos a intentarlo. Cuando pasen algunas décadas, miraremos con vergüenza lo que fuimos capaces de tolerar con nuestro silencio: convertir el asesinato de una persona indefensa en un derecho de la madre. La mutación de la sociedad ha llegado a tal punto que sólo unos pocos somos capaces de ver la monstruosidad, de la que además presumen los que la promueven. Queda un enorme desierto por atravesar, y muchos miles de niños morirán, para vanagloria del progresismo. Nada tiene que ver con religión ni política. En esto nos va mucho más: el futuro de nuestros hijos, y la pervivencia de la sociedad. Si dejamos que prevalezca la comodidad sobre los derechos individuales, nos dirigiremos a la caverna.
Juan Manuel de Santiago
Murcia