lfa & Omega, 26/03/07 - El Estudio juventud universitaria española , de la fundación BBVA, señala que un 78% de los universitarios ha sido educado en la fe católica. Esta macroencuesta, publicada en noviembre de 2006, desvela, sin embargo, que sólo un 45% de los universitarios se considera católico y un 9% es practicante, mientras un 47% declara no tener ninguna religión. Por titularidad de centros, el 57% de los alumnos de las universidades de iniciativa social se reconoce católico, frente a un 44% de las estatales.
Gloria Sáiz es una estudiante de Quinto de Periodismo, en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid, y pertenece a ese 9% de los universitarios católicos y practicantes. Es una chica normal. Saca buenas notas, tiene novio, trabaja como becaria en una televisión autonómica, sale con los amigos... Pero hay algo que le distingue de la mayoría de sus compañeros: tiene «la suerte de haber conocido a Jesús y estar dentro de la Iglesia», declara con firmeza.
Muchos de sus compañeros católicos dicen sentirse bichos raros. Gloria piensa que éste es un estereotipo que se ha creado desde los medios de comunicación, y que todos hemos terminado por aceptar: los jóvenes católicos aparecen como seres ñoños, redichos y bobalicones. +
Pero también culpa a los propios católicos: «Somos nosotros los que nos dejamos acomplejar, en vez de vivir con naturalidad nuestra fe». Ella, en concreto, se siente respetada, sobre todo, en su círculo de amigos. No ha sentido rechazo ni persecución , aunque admite haberse sentido dolida, muchas veces, cuando compañeros o profesores menosprecian o se burlan de los católicos.
También se ha llevado más de una sorpresa. De forma casual e inesperada, ha descubierto que comparte una misma fe con profesores y compañeros. Unas veces fue a raíz de comentarios triviales sobre el fin de semana: «Pues estuve en la parroquia...» Otras, lo supo por comentarios de los demás: «Ése debe ser ,del Opus, o de los Kikos ...» Así conoció a nuevos confidentes con los que poder hablar libremente de las cosas de Dios .
En una ocasión, fue al despacho de un profesor para saber la nota de un examen, «un profesor serio, de Derecho, de los de tema por día...» Una expresión tan cotidiana como «¡Gracias a Dios!» bastó para abrir una conversación en la que el maestro se reconoció católico. Eso sí, añadió: «Cada uno tenemos nuestras creencias. Otra cosa es que las demostremos en la tarima», dando a entender que, en la libertad de cátedra, no cabe la manifestación religiosa. Gloria discrepa. Después de todo, ella se muestra tal como es, y no le ha ido tan mal...
Me gustaría ser más valiente :
Javier Alcalde, estudiante de Ingeniería Informática en la Universidad Juan Carlos I de Madrid, se muestra más pesimista. También es un chico normal, y también está en ese supuesto 9% de universitarios católicos practicantes. Pertenece al Camino Neocatecumenal, pero no lo declara abiertamente: «Mis compañeros saben que tengo inquietud religiosa, que voy a Misa, que vivo un noviazgo cristiano..., pero no se imaginan lo importante que es la fe para mí». Él prefiere callarse cuando surgen debates de esta índole. Le gustaría tener más valentía para decir lo que realmente piensa, y se compara con una chica de su clase que sí habla abiertamente de su vida religiosa: «En la biblioteca, un día pude ver que tenía un salterio, y no le importaba nada que lo vieran». Javier conoce las consecuencias. Algunos compañeros se burlan de esta chica por defender sus creencias. La libertad de expresión no es igual para todos, dice Javier. «Siempre existe alguien que arremete contra la Iglesia, contra Dios...» Destaca el caso de un profesor, que raya a menudo en lo soez. «Para esto sí hay libertad de cátedra, claro».
Las mochilas cristianas :
El macroestudio del BBVA desvela que un 57% se decanta por una visión ética relativista; es decir, piensa que «lo que está bien y está mal depende de las circunstancias del momento», frente a un 35% que opina lo contrario. Dentro de ese 35%, se incluyen los jóvenes cristianos, que en ocasiones son motivo de escándalo para quienes consideran que no deben reconocerse autoridades morales. Carlos Rodríguez, estudiante de Químicas en la Universidad Complutense de Madrid, ha experimentado cómo la Iglesia es criticada por ello. También pertenece al supuesto 9% de universitarios católicos practicantes, y declara sus convicciones entre sus amigos, aunque le cuesta más con los «no tan próximos».
Poco a poco, ha ido descubriendo que no está tan en minoría. «La verdad es que hay más cristianos de lo que yo pensaba». Están quienes lo reconocen sin tapujos. Pero hay muchos otros. «He visto a muchos con mochilas de Valencia y de Colonia» -explica-, en referencia al Encuentro Mundial de Juventud y al Encuentro Mundial de la Familia.
Carlos valora mucho los gestos, las formas, los signos... Considera que a un cristiano se le reconoce no sólo por sus palabras, sino sobre todo por sus obras, por su comportamiento. Sabe, por experiencia, que el comportamiento del cristiano ante los demás llama la atención.
Le sorprendió mucho lo que uno de sus amigos católicos le contestara, al enterarse de que participa activamente en la Iglesia: «Ya sabía yo que tú eras cristiano, por cómo te comportas». Esta frase le animó a reforzar sus convicciones.
«Cada vez hay menos capillas en la universidad, y las que hay están muy escondidas», dice. Sin embargo, hay algo que le ayuda y le mantiene: «La gran alegría que uno siente cuando se encuentra con otro cristiano en la universidad, y el gran consuelo de saber que no estás solo».
Juan Ignacio Merino