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Alfa & Omega, 17/09/08 -Del 30 de agosto al 1 de septiembre, el Papa se ha reunido en Castelgandolfo con algunos antiguos alumnos. Dos han sido los temas propuestos: la historicidad de Jesús y la conciencia que Él tenía de su muerte. Al encuentro fueron invitados dos exegetas evangélicos, Martín Hengel y Peter Stuhlmacher, expertos en esta materia y docentes eméritos de la Universidad de Tubinga, donde el propio Ratzinger enseñó en 1968.
El encuentro, de claro signo ecuménico, ha ayudado al Papa a profundizar en estos dos temas, con vistas a la redacción de la segunda parte del libro sobre Jesús de Nazaret En el prólogo de su libro, publicado el año pasado por Rizzoli, el Papa se había ya enfrentado con el método histórico crítico, definiendo una de las dimensiones fundamentales de la exégesis, que ha permitido profundizar en el conocimiento de la Escritura. Por otro lado, la distinción entre el Jesús de la Historia y el Cristo de la fe, introducida por los exegetas, puede ser perniciosa. Frente a la distancia -que para algunos expertos parece insuperable- entre la Historia y la teología, el Papa ha apelado al rabino Jacob Neusner, quien afirma que sólo en tanto en cuanto Jesús es reconocido por los discípulos como Hijo de Dios, y como tal es adorado todavía hoy por los cristianos, es posible compararlo con su historia. En la misma línea van también las investigaciones de Martín Hengel sobre la historiografía protocristiana. En la lección inaugural de su enseñanza en Tubinga, titulada El Hijo de Dios (Paideia, 1984), el autor pone en evidencia la relación profunda entre la historia de Jesús y la fe cristiana. Al final de la obra, Hengel resume su pensamiento en las siguientes tesis: la expresión método histórico-crítico es amplia y problemática, no se puede aceptar sin reservas; la reconstrucción y la interpretación histórica llevan necesariamente a la simplificación de los hechos, que en su origen son mucho más complejos; los escritos recogidos en el Nuevo Testamento son las fuentes más antiguas, el documento base de la predicación en la que se basa la Iglesia.
La conciencia de Jesús sobre su muerte
La pregunta de Jesús a los discípulos, a las puertas de Cafarnaúm, pone de manifiesto que el Maestro de Nazaret estaba interesado en transmitir a los discípulos una correcta visión de sí mismo y de su misión. Su aprobación a la respuesta de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo», manifiesta, además, que Jesús tenía conciencia de su muerte y la interpretaba en la línea del Siervo sufriente, del que habla Isaías. Según el profeta, este Siervo ofreció su vida en expiación por muchos. Derrotado y humillado a los ojos de Israel y de las naciones, estaba, sin embargo, en estrecha relación con Dios. ¿No era necesario que Cristo soportase este sufrimiento para entrar en la Gloria? La muerte del Hijo estaba, pues, en los planes de Dios y Jesús era plenamente consciente de ella. Como en concreto subraya Lucas, no eludió la hora para la que había venido. Esta concepción es fundamental para la fe cristiana. Dice que Jesús fue libremente a la muerte y, justamente de este modo, su sacrificio fue agradable a Dios. Es ésta también la razón por la cual su muerte es también hoy salvación para los hombres.
La muerte de Jesús está ya traspasada, según el Papa, por el esplendor de la Resurrección. Jesús no es sólo un personaje de la Historia, un justo y un predicador del pasado, sino el Hijo que es tal hoy, ayer y por siempre. Por eso, los fieles pueden acercarse a Él con confianza, agradecerle su sacrificio y hablarle a su corazón. En esta línea se desarrollarán, con toda probabilidad, tanto el próximo Sínodo sobre la Palabra de Dios, como la segunda parte del libro del Papa sobre Jesús.
Elio Guerriero, en Avvenire
Traducción: María Pazos