lfa & Omega, 06/06/07 -
Habla con Alfa y Omega desde una playa andaluza. Es la primera vez que ve el mar, y le ha encantado. Agnes Ocitti tiene ahora 26 años y empeña cada día en luchar contra la lacra social de los niños soldado, una realidad muy presente en su país natal, Uganda. A través de la organización de cooperación al desarrollo CESAL (Centro de Estudios y Solidaridad con América Latina, que también tiene proyectos en países de África y de Europa del Este), desarrolla una importante labor en un campo de refugiados. Su experiencia le vale de mucho. Pero no todos los niños soldado consiguen sobreponerse a una vida marcada por el trauma de la violencia sin tregua. Lo que más llama la atención en Agnes es su optimismo. Y tiene la clave: en todo momento durante su captura sabía que el Señor estaba con ella y que algo bueno sacaría.
Todo comenzó cuando tenía 14 años. Estaba en el colegio y un grupo del Ejército de Liberación del Señor, una guerrilla armada, entraron en la escuela con las armas preparadas para disparar. «Secuestraron a 139 niñas -cuenta Agnes, que estaba entre ellas- y, mediante negociaciones, se consiguió liberar a 109, pero aún nos quedamos 30». Agnes estuvo tres meses portando un arma en sus manos, hasta que, junto con otras 24 compañeras, consiguió escapar. Del resto, cuatro están muertas y dos permanecen aún retenidas por la guerrilla.
Agnes perdona. Sabe que no todo el mundo puede hacerlo. Dentro de su terrible experiencia, ella tuvo mucha suerte porque no la violaron ni la maltrataron en exceso. La mayoría de las veces no es así. Pero el mayor trauma que les queda a los niños soldados es que, con mucha frecuencia, les obligan a asesinar a miembros de su propia familia o de su propio clan. De esa manera, les desvinculan por completo de su vida anterior. Sienten que no pueden volver a casa, porque no les perdonarán lo que han hecho. Es la mejor manera de garantizar que se quedarán donde están. No fue su caso, sus padres y sus hermanos la recibieron con los brazos abiertos. «Era el amor de mis padres, el sentirme querida, lo que me impulsaba cada día a buscar la forma de escapar», recuerda esta joven, que hoy narra su historia. También el recuerdo de la vida en su colegio le daba fuerzas para seguir queriendo escapar de la prisión más dura que existe: que te obliguen a matar.
El reto de perdonar :
El perdón es la única vía para salvar a estos niños de un pasado que, de lo contrario, los lastra de por vida. Los demás tienen que perdonarlos, porque han empuñado armas y han quitado vidas. Incluso hay que perdonar a aquellos que, aunque al principio sientan el deseo de huir, acaban acomodándose y se convierten en niños soldado profesionales. Agnes puede comprender su manera de actuar, arrastrados por las circunstancias. Pero el perdón de los demás no es el único necesario. También es imprescindible se perdonen a sí mismos por la vida que se han visto obligados a llevar.
Según explica don José Fernández Crespo, director de Educación del CESAL, se calcula que hay unos 250.000 niños soldado en todo el mundo. Para Agnes Ocitti, los Estados deberían ser más responsables y perseguir esta lacra social, y Naciones Unidas también debería poner más medios. Para Agnes, dar a conocer su caso, concienciar a la sociedad, en particular en Occidente, es un paso fundamental hacia la erradicación de este grave problema en muchos países de África. Su historia de valor, de entrega, de superación y de optimismo servirá para abrir camino.
María Solano