En qué afectan los nuevos modelos de familia a la sociedad? ¿En qué va a cambiar?
Los psicólogos y los psiquiatras preguntan por la infancia cuando inician una terapia de personalidad. Una infancia escasa en comunicación o distorsionada por los problemas de los padres produce personalidades inmaduras, propensas a la depresión, a la violencia y la insolidaridad.
La sociedad del futuro, con la crisis actual de la familia, va a necesitar mucha policía, muchos psicólogos y psiquiatras, muchas leyes antiviolencia? Pero vamos a una sociedad represiva si se quiere garantizar sólo el bienestar individual. El problema es mayor si pensamos que podemos tener profesionales, directores de empresas, políticos etc. que no sean personas equilibradas, por no haber tenido una infancia socializada en las buenas relaciones con los padres, o simplemente una sociedad ampliamente marcada por familias inestables. La familia en la actualidad está perdiendo muchas de sus funciones socializadoras y de formación de la personalidad de los hijos. Esto se produce principalmente por los escasos espacios de comunicación entre los miembros de la unidad familiar. Los miembros de la familia son cada vez más extraños unos para otros.
En realidad, los nuevos modelos de familia han existido siempre, ¿por qué nos damos cuenta ahora?
Siempre han existido lo que la sociología tradicional llamaba comportamientos desviados. El problema actual es que ya no sabemos dónde está lo normal y dónde lo desviado.
En cuanto a las parejas homosexuales, ¿hay ya algún estudio sobre ellos? ¿Se les puede llamar familia, como ellos piden?
El concepto de familia y lo que se entiende por tal en el lenguaje normal comprende no sólo el hecho universal de la complementariedad entre el hombre y la mujer. A ello se añade el fruto normal de un proyecto común de vida y amor, que son los hijos. Llamar familia a una pareja de homosexuales puede ser un despropósito y una confusión. Jugar con las palabras es pervertir las realidades. Que dos personas del mismo sexo quieren vivir juntas es aceptado en una sociedad de derechos individuales. Habría que pensar si nuestras sociedades occidentales, con la insistencia en lo derechos individuales, no olvidan los derechos sociales, culturales y otros derechos propios de una sociedad en su conjunto.
Los homosexuales piden adoptar niños, ¿cree que sería negativo para los pequeños?
El niño tiene derecho a tener una familia. Si no la tiene, una sociedad que proteja los derechos de los niños debe considerar alguna forma de suplencia. Pero el derecho a tener un niño es otra cosa. El niño no es un medio, sino un fin. La adopción no es, por tanto, un derecho, sino un medio para que los niños que han perdido a sus padres, o han sido abandonados, puedan tener una familia. Creo que sería negativo para los niños que, pudiendo tener padre y madre, tuvieran como referencia dos personas del mismo género.
Parece que los padres han perdido autoridad sobre los hijos, ¿por qué?
Para contestar con brevedad: no tienen tiempo para hablar con sus hijos. Hablar con un hijo es escuchar, tener paciencia y enseñarle a razonar. Hay más autoritarismo que autoridad. Ante el problema de un hijo, se quiere una solución rápida cuando no una evasión. Las soluciones con los hijos no pueden ser ni rápidas ni evasivas. Mucho menos injustas por comodidad.
¿Cree que influye en todos estos cambios el hecho de que las familias ya no dejen entrar a Dios en sus casas?
Cuando la idea de Dios entra en la conciencia nace una responsabilidad superior. El respeto a la dignidad del otro tiene nuevos argumentos. Todos los seres humanos son objeto de responsabilidad activa y pasiva. No se pueden hacer experimentos bajo el lema de la utilidad o el propio provecho o negocio. No se puede comerciar con los sentimientos ajenos, ni dejar caer al más débil a la orilla del camino. Cuando la idea de Dios entra en una conciencia, deja de ser prepotente y siente entrañas de misericordia. Hoy se siente por muchos la tentación de desalojar a Dios de las conciencias y de las familias. Grave error. Hay experimentos para los que que no está en nuestra mano la marcha atrás. A Dios se le puede echar de la conciencia, o de la casa, pero no se le puede obligar a entrar de nuevo.