lfa & Omega, 24/03/06 (Españ) - Régis Debray sugiere que se emplee el término de comunión en lugar de religión, con el fin de evitar equívocos. ¿Qué piensa de ello, y cuál es su definición de religión?
No me convence. La comunión es un efecto posible de la religión, pero no expresa su esencia. No podemos sobrepasar la noción de religión. Lo que está en juego en la religión es una relación de la Humanidad consigo misma bajo el signo de la des-posesión.
Lo que somos no depende de nosotros, depende de otros. Durante la etapa más larga de la historia humana, esa dependencia ha sido política. Ya no es el caso de las democracias occidentales. Pero esa dependencia sigue teniendo sentido a nivel metafísico. Se puede ser demócrata y pensar que lo esencial del destino humano depende de una donación que sobrepasa al hombre.
En El futuro de la religión, los filósofos Vattimo y Rorty afirman que, si el catolicismo quiere sobrevivir, está condenado a transformarse en una religión de compasión, sin dogmas.
La noción de dogma es símbolo de un tipo de autoridad que ya no funciona. No conozco a ningún católico, por ferviente que sea, que se conforme con creer y obedecer. Sin embargo, la noción de dogma sigue en pie. Su sentido ha cambiado. Lo que se llamaba dogma se ha convertido en un sistema de puntos de referencia, con base en la Historia, que permiten que los individuos se orienten.
No es algo impuesto; son ellos los que eligen referirse a él. Esa necesidad de identificación es muy fuerte, y una religión que se transforme en simple visión del mundo maja y puramente moral perdería todo su sentido.
Lo vemos en cierta politización del cristianismo. ¿Por qué ser cristiano entonces? El mensaje específicamente religioso del cristianismo no ha caducado. Lo que se ha devaluado son las palabras con que lo traducimos.
¿Cree usted en una revitalización de la Iglesia católica en Francia, capaz de contrarrestar la descristianización?
El catolicismo era no hace muchos años uno de los pilares de nuestra sociedad, con lo que ello implica de confusión entre buena sociedad y conformismo. A ese catolicismo no le queda mucho por decir, ya no son más que una minoría importante.
Pero muchos siguen considerándose una confesión con vocación mayoritaria. De ahí la imagen de religión semi-oficial en decadencia que dan. La situación cambiará seguramente cuando asuman su condición de minoría.
Ello podría conducirles a una conversión en cuanto a su identidad que, a mi parecer, ya está empezando. Tal movimiento puede tener grandes consecuencias, porque el catolicismo no es sólo la minoría más importante numéricamente; es también la confesión que, por la Historia, presenta la mayor legitimidad pública. Con ese nuevo estatuto podría recuperar un papel de primera importancia.
Traducción: Teresa Martín