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Alfa & Omega, 25/10/07
Angelo Giuseppe Roncalli llegó al Valle de los Caídos en 1955, enviado por Pío XII, y quedó maravillado al comprobar cómo los españoles honraban con este monumento a todas las víctimas de la Guerra Civil, sin distinción de bandos. Tres años después, el cardenal Roncalli se convirtió en el Papa Juan XXIII, y otorgó al Valle dos concesiones: una reliquia de la Santa Cruz, y la indulgencia plenaria, en adelante, el día del Viernes Santo a quienes adoren la Cruz y cumplan las condiciones habituales.
Con este recuerdo abría el Presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos, el historiador don Luis Suárez, la XIV edición de las Conversaciones en el Valle, que este año se celebran en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, desde el pasado 17 de octubre, cada miércoles, hasta el 31 de octubre.
Los recuerdos llevan a don Luis Suárez hasta 1989. Otro ilustre visitante llega al Valle. Es un profesor de Filosofía y Teología que ha participado en un curso de verano de la Universidad Complutense. Se llamaba Joseph Ratzinger, y su apretada agenda sólo le dejaba libres 30 minutos, aunque la visita se alargó finalmente hasta 2 horas.
En su día, cuando fue construido (entre 1940 y 1958), «a algunos entonces les pareció mal» el planteamiento del Valle de los Caídos, explicó el profesor Suárez. «Querían un monumento de los vencedores, pero la idea que prevaleció es que allí no hubiera vencedores ni vencidos», sino «únicamente víctimas» del odio. De esta manera, décadas antes de la transición a la democracia, una serie de católicos comenzó a trabajar por una reconciliación entre las dos Españas, algo que «sólo era posible bajo el signo de la cruz», bajo el «signo del amor».
El laicismo
La edición presente de las Conversaciones en El Valle gira en torno al laicismo, y fue inaugurada por don José Francisco Serrano, Decano de la Facultad anfitriona. El laicismo, precisamente, cuestiona todo lo que significa el Valle de los Caídos. Se presenta como un proyecto de «modernización de España», aunque pretende que esa modernización sólo es posible si se confina a Dios en la vida privada, según destacó el profesor Serrano. El problema del dogma laicista es que deja al hombre huérfano. Su pretensión de crear un hombre nuevo -dijo Serrano- le lleva a romper con el padre (la historia, la tradición, las raíces...) y con la madre (la naturaleza, que ya no debe ser límite ni freno a la voluntad del hombre).
Pero una arremetida laicista de la magnitud que experimenta hoy España sólo es posible en un clima de empobrecimiento cultural, donde la pregunta acerca del sentido de la vida haya quedado relegada a la categoría de anecdótica y marginal, sólo para eruditos. El profesor Juan Velarde, economista y Presidente en funciones de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, habló acerca de La educación y la cultura. Uno de los aspectos que abordó fue la falta de formación básica en España. De ahí se deriva algo que ya advirtió, en 1930, John Maynard Keynes en su visita a Madrid, durante una conferencia en la Residencia de Estudiantes: la masificación.
Las predicciones de Keynes sobre la masificación se han cumplido en España. Hoy recibimos abundante información, pero falta criterio para discernir. «Falta Historia, Geografía, Gramática, Literatura, Filosofía, Religión...», dice el profesor Velarde. «Tenemos un índice cultural extraordinariamente bajo», y estamos instalados en un clima cultural de «gran vulgaridad», como un «país de nuevos ricos que cree que ha alcanzado el conjunto de las maravillas del mundo». En este contexto, es difícil poder debatir. Falta formación, pero sobran dogmas. «Hay cosas de las que no se puede hablar. El que disiente es un pecador...», en sentido laico, claro.
Ricardo Benjumea