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Alfa & Omega,08/06/10 - La cita del libro de Baruc que titula estas páginas es uno de los textos bíblicos con los que empieza Los cielos proclaman tu gloria, libro editado por el Observatorio Vaticano, en España por Montecarmelo, con motivo del Año Internacional de la Astronomía, celebrado en 2009. El Observatorio, regido por jesuitas, colabora como uno más en la investigación astronómica mundial y, como se puede leer en las páginas de esta obra, aborda asuntos como el estudio del Big Bang, el análisis de meteoritos o las implicaciones teológicas que tendría el descubrimiento de vida extraterrestre.Al comienzo, el interés del Vaticano por la astronomía, como el de muchos otros observatorios, fue principalmente por una razón práctica, como reformar el calendario juliano, o mejorar la navegación marítima.
La ciencia solía ser el trabajo de los nobles, los doctores, y el clero. En el siglo XIX, sin embargo, en tanto en cuanto la ciencia se convertía en un trabajo cada vez más técnico -y por ello secularizado-, germinó la idea, para algunos, de que la ciencia y la religión debían ser opuestas. Para contrarrestar esta tendencia, el Papa León XIII decidió crear, en 1891, un Instituto científico que demostrase que la Iglesia no es contraria a la ciencia, sino que la abraza y la sostiene.
Eligió la astronomía porque, en las antiguas universidades medievales, la Astronomía era una de las asignaturas que todo estudiante debía conocer para poder estudiar Teología y Filosofía. La historia de la astronomía, el estudio del universo, es muy larga y une de manera maravillosa los conocimientos filosóficos y científicos, de modo que nos ayudan a comprender quiénes somos y de dónde venimos.
Presencia internacional
Desde su fundación, el Observatorio ha trabajado estrechamente con astrónomos del mundo entero. Uno de sus primeros proyectos fue la participación en el programa internacional Carte du Ciel, organizado por el Observatorio de París para realizar una carta fotográfica del cielo. Fue muy bien acogido. Una prueba del gran respeto que la comunidad astronómica internacional siente por el Observatorio es que, a lo largo de su historia, miembros suyos han sido elegidos por sus colegas para cargos dentro de varias sociedades astronómicas.
Hoy en día, la misión del Observatorio Vaticano es, sencillamente, hacer una buena ciencia, por sí misma y dentro de la comunidad científica internacional, para poder ser un puente entre la Iglesia y la ciencia. El Papa Juan XXIII afirmó una vez que nuestra misión consistiría en explicar la Iglesia a los astrónomos y la astronomía a la Iglesia.
La Biblia no es un libro de ciencia. Nos enseña que el universo físico fue creado por Dios de una manera ordenada, y que Dios pensó que Su obra era buena, y que tanto amó al mundo que envió a Su único Hijo. Esto nos impulsa a estudiar el universo físico, para poder estar más cerca de su Creador. Varios Papas han manifestado un interés especial por la astronomía. San Pío X, por ejemplo, estudió matemáticas y astronomía y le gustaba construir relojes solares; y el Papa Pío XII fue un astrónomo aficionado muy entusiasta.
Christopher Corbally
y Guy Consolmagno, sj