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El tema de los Ejercicios ha sido La luz de Cristo en el corazón de la Iglesia: Juan Pablo II y la teología de los santos. El padre Léthel, secretario de la Academia Pontificia de Teología, asesor de Juan Pablo II en la proclamación de santa Teresita del Niño Jesús como Doctora de la Iglesia, confiesa que le abrumó la responsabilidad, cuando Benedicto XVI le propuso dirigir las meditaciones. «Después de sumergirme en la oración, dije sí -cuenta-. Estamos ante el gran acontecimiento eclesial de la beatificación de Juan Pablo II, y traté de enfocar los Ejercicios como una preparación espiritual para esa beatificación».
Para el carmelita, «los santos son los grandes testigos de la santidad de la Iglesia, y a través de su testimonio, reflexión y experiencia, resplandece la luz de Cristo. Juan Pablo II es el Papa de la santidad, y su beatificación es el reconocimiento oficial de su santidad. Es el Papa que proclamó más santos y beatos, el que presentó a los santos no sólo como ejemplos de perfección cristiana, sino también como teólogos en el sentido más elevado, como conocedores de Dios. Los presentó como portadores en el mundo de hoy de esta luz de Cristo».
La imagen que ha acompañado las meditaciones de estos Ejercicios espirituales ha sido un de las grandes obras maestras de Fray Angélico, en la que los santos, cogidos de la mano en el cielo, forman un gran corro. «Los santos del cielo se toman de la mano los unos a los otros. Para mí ha sido la imagen de estos Ejercicios. Empezamos por Juan Pablo II. En la gracia de su beatificación, él guía este círculo y toma de la mano a dos de los santos más ligados a él. Ante todo, a san Luis María Griñón de Montfort, que inspiró su Totus Tuus. Luego, pasamos en seguida, a santa Teresa de Lisieux, a la que Juan Pablo II proclamó Doctora de la Iglesia, experta de la ciencia del amor. Ella, a su vez, toma de la mano a los dos grandes Doctores de la ciencia de la fe, Anselmo y Tomás; también a dos santas de finales de la Edad Media: santa Catalina de Siena y santa Juana de Arco, que vivieron momentos dramáticos para el mundo y para la Iglesia… A estos nombres, se añadieron los de dos laicas: la venerable Conchita Armida de Cabrera -gran mística mexicana- y la Beata Chiara Luce Badano, que murió en 1990 y que es la primera beata del Movimiento de los Focolares. Hemos concluido en la fiesta de san José, el 19 de marzo, con una meditación dedicada al Patrono de bautismo del Papa. El corro concluyó con él».
El objetivo de estos ejercicios espirituales era claro: «tomar más conciencia de la propia vocación a la santidad. Demasiadas veces se cree que los santos son como extraterrestres, personas sin defectos…, pero no es así. Los santos son personas como nosotros, con sus límites, sus heridas; han cometido pecados, pero en un determinado momento deciden seguir a Jesús hasta el final. Es lo que deseo a todo el pueblo de Dios, para prepararse también a ese gran acontecimiento de la beatificación de Juan Pablo II. Nos debemos preparar tomando más conciencia de la vocación personal a la santidad, avanzando en el camino de la oración, de la vida cristiana, de la caridad hacia el prójimo».
Jesús Colina. Roma
El padre François-Marie Léthe