lfa & Omega, 06/02/07 - Un gran edificio de planta irregular, cuidado, pero sencillo, se levanta en pleno barrio del Naranjo, en la localidad madrileña de Fuenlabrada. Es la parroquia de María Auxiliadora, regida por los religiosos salesianos; una iglesia, pero también un gran centro social, punto neurálgico de tiempo libre y de formación extraescolar para muchos jóvenes, españoles e inmigrantes, pensado especialmente para aquéllos en situación de riesgo . No son palabras vacías: casi 300 jóvenes de los alrededores acuden a diario a esta parroquia, que cuenta con unas completas instalaciones para realizar actividades deportivas y de formación profesional.
Se trata de una respuesta más de la vocación salesiana a las necesidades de esta población, que comenzó a extenderse y crecer hará unos 30 años, casi los mismos que lleva la parroquia levantada. Educar evangelizando, y evangelizar educando es parte del carisma salesiano, y eso es precisamente lo que se quiere hacer realidad a través de la acción social de esta parroquia de María Auxiliadora de Fuenlabrada. «Un chaval que entra en nuestra obra tiene catecismo, educación, y un puesto de trabajo en el futuro», explica el padre Alfredo Martín, párroco y director del programa Prelaborales Naranjoven, como se llama el conjunto de programas destinados a los jóvenes con los que cuenta la parroquia.
Estos programas están dirigidos a chavales de entre 13 y 21 años que viven diferentes situaciones personales, pero que tienen en común el absentismo, el fracaso o el abandono escolar.
Así, los más jóvenes, entre los 13 y 16 años, participan en el proyecto PISA , un programa de inserción social de adolescentes que cuenta con un convenio con el Ayuntamiento de Fuenlabrada. Llegan a la parroquia derivados por los servicios sociales, y están escolarizados, aunque en su mayoría, como explica el padre Alfredo, «son absentistas (chavales que están todo el día en la calle), pijameros (se pasan el día entero en casa, sin motivación ninguna), u objetores (ni ellos ni su familia creen en el sistema educativo, y básicamente pasan de él, pensando que ya encontrarán trabajo)». Tiene lugar por las tardes, y en él los jóvenes tienen la posibilidad de participar en talleres de Peluquería, Informática, Carpintería Metálica y Soldadura, Electricidad..., para ir aprendiendo una profesión y reconocerse útiles: «Es importante que el chico encuentre una motivación y se sienta valorado trabajando y aprendiendo cosas, ya que en la escuela sólo ha encontrado fracaso». Junto con este proyecto, se encuentra otro, denominado CACE , de apoyo escolar a los jóvenes de los Institutos de Fuenlabrada.
El programa Garantía social está subvencionado por la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, y por el Fondo Social Europeo, y proporciona a los jóvenes de 16 a 21 años la posibilidad de obtener titulaciones oficiales para poder trabajar. Finalmente, se encuentra el proyecto EXIT, por el cual, a los chavales más desencantados (especialmente los objetores ), se les garantiza que, si cumplen lo pactado , estarán trabajando en seis meses. Durante todo este tiempo, los chicos aprenden en distintos talleres, y reciben una formación denominada a la carta , de acuerdo con lo que demandan las empresas con las que existen convenios. Los chavales están becados. Eso sí, reciben su compensación económica en función del rendimiento y comportamiento en cuestiones tan básicas y necesarias como la puntualidad o el interés.
En paralelo a todos estos programas, está el llamado Vientos de cambio, donde, como explica el párroco, «se atiende a familias de inmigrantes, que a su vez participan en todos los demás programas, a través de varias fases: la inserción en el barrio, la búsqueda de empleo, y el aprendizaje del idioma y las costumbres».
A. Llamas Palacios