!--ned//-->
Alfa & Omega, 16/02/09 - Doña Carmen aclara que los jóvenes que llegan a los centros de reeducación y reinserción de la Comunidad de Madrid, lo hacen «por haber cometido delitos recogidos en el Código Penal y tener menos de 18 años». Con estos chicos hay un grupo de profesionales que va desde psicólogos hasta psiquiatras, pasando por trabajadores sociales. La señora Balfagón cuenta que este trabajo es «apasionante y tremendamente vocacional, porque si no, no tendría sentido. Esos profesionales tienen un tiempo determinado para hacerles comprender a los chicos por qué han llegado ahí. El menor debe comprender que ha cometido un acto que implica un reproche social y, lo más importante, en el período en el que el joven esté en el centro, debemos conseguir, como sea, y esto implica mucho trabajo de profesionales, que ese joven vuelva a la sociedad de manera distinta a como llegó al centro. Tiene que estar plenamente reinsertado».
Doña Carmen se apoya en cifras para demostrar que «la reinserción es posible y que, con mucho esfuerzo de los mejores profesionales que trabajan con estos jóvenes, se ha conseguido que en delitos como el de maltrato familiar, de malos tratos de menores a sus padres, sobre un estudio hecho a 100 jóvenes que han pasado por el Centro de Maltrato Familiar que tiene la Comunidad de Madrid, el índice de reincidencia haya descendido del 17% en 2006 al 1% en diciembre de 2008».
Para conseguir resultados como éste, en la Agencia han tomado medidas como la especialización de los centros de internamiento. Una medida pionera en España que se basa «en el entendimiento de que no pueden convivir menores que estén cumpliendo una medida judicial, por ejemplo, por maltrato familiar, con otros que lo hagan por agresión sexual, o por homicidio, o por robo con violencia. La intervención jamás puede ser la misma».
El factor humano
En la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor de la CAM, además de ser profesionales altamente cualificados, nos dice doña Carmen que «también juega un papel importante el factor humano. Los dos primeros meses son muy difíciles, pero, con el paso del tiempo, esos profesionales se convierten en los referentes de los chicos. Sin perder lo que tiene que ser la ejecución de la medida judicial, que debe ser educativa y reinsertadora, yo creo que las relaciones humanas priman sobre todo lo demás».
¿Qué es lo más gratificante de trabajar con estos chicos? Para ella, por ejemplo, «que recibas a un chaval que hace 2 años acabó su medida judicial y que te diga: Estoy trabajando, tengo novia, me caso y quería saber si vienes a mi boda. Y lo más triste, cuando te encuentras con chicos como uno que yo vi en un centro. Tenía 14 años y acababa de entrar por robo con violencia. Me sorprendió porque no era capaz de mirar a nadie a la cara. Le pregunté por qué no lo hacía, y me dijo que no sabía. Me contó que, desde los 2 años, llevaba de centro de menores en centro de menores y que no sabía lo que era una familia. Actualmente, su vida ha cambiado y, previsiblemente, en 2 meses salga del centro de reeducación y reinserción».
La sociedad y los jóvenes
La visión de la sociedad que tienen estos jóvenes varía. La señora Balfagón explica que, «en un amplio porcentaje, estos chicos no entienden la sociedad que les rodea. Muchos vienen de fuera y tienen una cultura muy distinta. Y muchos de ellos ven la sociedad como un entorno hostil donde ellos no encajan. Nosotros intentamos que entiendan que, si se comportan como buenos ciudadanos, la sociedad les responderá positivamente». Respecto a la visión que tiene la sociedad de estos jóvenes, cree que «hay un doble discurso. Hay una parte de la sociedad que yo creo que entiende que estos jóvenes no tienen derecho a nada, que si han cometido un delito, pues que lo paguen. Y luego hay otra gran parte de la sociedad que apuesta por la reeducación y reinserción de estos menores, que serán los adultos del mañana».
Muchos de estos menores son utilizados por mafias o grupos organizados para delinquir, hasta que acaban en los centros de reinserción y reeducación. Es una realidad ante la que ella apuesta por «una detección precoz de este tipo de delitos. Pienso que hay que proteger la niñez de esos menores, y una medida podría ser rebajar la edad penal a los 12 años, como se propuso hace tiempo. No se trata de penalizar a los menores, se trata de reinsertarlos cuanto antes. Todo lo que se haga por recuperarlos merecerá la pena».
V. Gutiérrez