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El Museo Diocesano de Zaragoza ya restaurado se inauguró el pasado 21 de marzo. Se encuentra ubicado en el ala norte del Palacio Arzobispal. A través de sus tres plantas, el visitante puede viajar por diferentes épocas de la Historia.
En la planta primera, se muestra el origen apostólico de la sede zaragozana, hasta la Edad Media. Las primeras comunidades cristianas fueron organizadas desde la presencia del apóstol Santiago, en el siglo I de nuestra era, y están documentadas desde el año 254. Especial protagonismo cobra el hecho excepcional de la presencia, en carne mortal, de la Virgen María, a orillas del Ebro, el 2 de enero del año 40, según Venerable Tradición, y resulta clave para entender la vivencia cristiana en el valle del Ebro, siempre referida a la Sagrada Columna, custodiada en la Basílica del Pilar. Las persecuciones sufridas por los primeros cristianos destacan por su crueldad y por el número de mártires. En la época visigótica, los obispos adquieren protagonismo como consejeros de los reyes de Toledo y como figuras claves en la cultura española.
La iconografía medieval nos revela la espiritualidad de la época, centrada en la representación de la Virgen como Madre de Dios, y también en relación con la liberación del pecado. En el Museo, se muestra una sucesión de imágenes, en talla de madera policromada; y se comprueba la relevancia de la pintura gótica, cuando se convierte en instrumento de catequesis para enseñar la Sagrada Escritura y la vida de los santos. A las primeras pinturas en muro, les suceden las realizadas sobre tablas y la organización de éstas en retablos para presidir las capillas. En el siglo XV, la pintura adquirió gran auge, gracias a artistas como Blasco de Grañén, Tomás Giner, Miguel Ximénez o Martín Bernat.
Las salas de la segunda planta recogen obras, desde el final del Medievo, hasta el Renacimiento, el Concilio de Trento y la Contrarreforma. Con el fin de ser usadas para la meditación de los fieles, abundan las representaciones: escenas de santos, los sufrimientos de Cristo y de su Madre en la Pasión, las imágenes devocionales del Niño Jesús, o de la vida de la Virgen. El material principalmente usado es el alabastro. Como artistas principales, nos encontramos con Damián Forment o Gabriel Joly. A partir del Concilio tridentino, se optó por recuperar las principales manifestaciones públicas de fe católica, con la especial relevancia dada a la solemnidad del Corpus Christi. Gracias a esta procesión, surge una gran cantidad de objetos litúrgicos, destinados a la celebración de la Eucaristía (cálices, patenas, copones, vinajeras, sacras, portapaces, atriles...), Custodias de diferentes tamaños, ornamentos litúrgicos y una interesante colección de cruces parroquiales, de los siglos XV al XVII. Y resultan curiosas las diferentes esculturas-reliquias de santos. Ellos, tras haber alcanzado ya la bienaventuranza del cielo, son propuestos como modelos de comportamiento cristiano, y como intercesores ante Dios.
Concluimos en la tercera planta, donde se muestra la figura del obispo, como sucesor de los apóstoles y fundamento de la unidad de la Iglesia particular, que es cada diócesis. Se trata del espacio institucional, donde se han celebrado las ceremonias oficiales presididas por el arzobispo de Zaragoza, y en el que se encuentra el Salón del Trono. Lo preside la sede utilizada por el Beato Juan Pablo II, en su visita a la ciudad maña, durante su primer Viaje a España, en 1982, y lo rodean 42 retratos de los diferentes arzobispos, revestidos con sus ornamentos episcopales, que han pastoreado la sede zaragozana.
Jorge Fernández
Imégen : Imagen románica de Nuestra Señora del Salz, ejemplo de Virgen trono