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Alfa & Omega,16/09/09 - ¿Quién ha ido alguna vez a Florencia, Asís o Padua y no ha admirado los frescos de Giotto? El extraordinario impacto de sus pinturas en el arte medieval ha podido ser visitado en una muestra de una magnitud tal que no se conocía desde 1937, cuando la Galleria degli Uffizi celebró el sexto centenario de la muerte del pintor.
En esta ocasión, se trata de obras del propio autor italiano, junto a las de otros artistas contemporáneos como Giovanni Baronzio, Altichiero o Taddeo Gaddi, hasta sumar 120 piezas que constituyen una representación más que significativa del arte de aquellos años.
Se trata de una colección de altísimo nivel y de calidad indiscutible, reunida para configurar un más que interesante recorrido giottesco. Obviamente, no se han podido traer los frescos, pero sí una buena muestra de sus preciosas pinturas sobre tabla, que se unen a una exposición completísima que incluye esculturas, manuscritos miniados y trabajos de orfebrería, que dan una idea de la generosa influencia del artista florentino en el desarrollo artístico y cultural de su tiempo.
La muestra, de hecho, ofrece una acertada reconstrucción de la situación del arte italiano a finales del siglo XIII y comienzos del XIV, siguiendo a la vez las innovadoras soluciones figurativas de Giotto. Artista símbolo del medievo entero, Giotto alcanza en vida un vastísimo reconocimiento, testimoniado por la gran cantidad de obras que le encargaron durante toda su vida, así como diversos documentos y fuentes literarias que dan fe de su labor artística. Así, Giotto ha pasado a la Historia por ser el primer pintor auténticamente italiano, en paralelo al papel que tuvo Dante en la formación de la lengua italiana.
La exposición se completa con una interesante sección formativa, en la que se recogen los numerosos viajes de
Giotto por toda la península italiana: Florencia, Roma, Asís, Padua, Rímini, Nápoles y Milán, evidenciando un contexto histórico en el que el lenguaje de Giotto va penetrando poco a poco en el arte de su tiempo, y cómo el genio del florentino va dejando un poso que hoy, siete siglos después, sigue asombrando a los que ven el Misterio a través de sus ojos.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Imágen : Pesebre de Greggio, de Taddeo Gaddi. Galería de la Academia, Florencia