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Alfa & Omega, 11/12/08 - El caso ya apareció en 1977, a los 40 años de la muerte del autor de los Cuadernos desde la cárcel, pero monseñor Luigi De Magistris acaba de recordarlo: «Mi paisano Gramsci tenía en su habitación la imagen de santa Teresa del Niño Jesús. Durante su última enfermedad, las religiosas de la clínica donde estaba ingresado llevaban la imagen del Niño Jesús a los enfermos, para besarla. No se la llevaron a Gramsci. Él les dijo: ¿Por qué no me la habéis traído? Le llevaron la imagen del Niño Jesús y Gramsci la besó. Murió habiendo recibido los sacramentos y volvió a la fe de su infancia».
Aparte de alguna imprecisión, la declaración recoge lo que reveló, en la revista Studi sociali, el padre Giuseppe Della Vedova, como confirma hoy el ex Primer Ministro Giulio Andreotti. El sacerdote recogía el testimonio de su tía sor Piera Collino, que trabajaba en la clínica Quisisana: el beso a la imagen de Jesús -según esta versión- se debió a una sugerencia de la superiora, aunque después el enfermo, «cuando tuvo la imagen entre sus manos, la besó con efusión». Según otros testimonios, Gramsci se confió varias veces a la oración de las religiosas y mostró simpatía hacia una pequeña estatua de santa Teresa del Niño Jesús, que «no quería que fuese quitada de su habitación». Esta circunstancia no le parece casual a Don Gianni Baget Bozzo: «Santa Teresita fue una santa que se dijo dispuesta a cambiar su fe por la conversión de los ateos, y seguramente también Gramsci conoció su vida. Entonces, su conversión podría ser encuadrada en el fuerte deseo de conversión de los no creyentes por parte de la santa».
Otra religiosa, la sarda sor Pinna, contó en diversas ocasiones a un grupo de sacerdotes amigos (entre ellos, monseñor De Magistris) una historia similar: durante la Navidad de 1937, las religiosas de la clínica llevaron, habitación por habitación, «ofreciéndola para que la besaran los que allí se encontraban», una estatua del Niño Jesús. Todos recibieron la visita, excepto el destacado comunista, que informado de la exclusión, primero preguntó por los motivos de tal exclusión. Entonces, «el señor Gramsci dijo que quería ver la estatua, y cuando la tuvo de frente, la besó con evidentes signos de conmoción».
Giuseppa Vacca, Presidente de la Fundación Instituto Gramsci y profundo conocedor del filósofo marxista, acoge la noticia con tranquilidad: «La cuestión es muy simple: existe una documentación precisa sobre las últimas horas de Gramsci. Y hay documentos de la polícia y textos inéditos; en ninguno de estos escritos existe una alusión a este hecho. Y es difícil también comprender cómo podría haber sucedido: Gramsci sufrió un ictus cerebral el 25 de abril, y no tuvo conocimiento hasta el 27, día de la muerte». En todo caso, parece evidente que el hecho, si sucedió, ocurrió no in limine mortis, sino algunos meses antes, durante la hospitalización. «Si hay nuevos documentos -continua Vacca-, bienvenidos; pero estos testimonios no constituyen una prueba suficiente. Habiendo publicado todo lo posible de y sobre Gramsci, nunca me he encontrado con textos que apoyen una posible conversión suya».
Es presumible que su posible conversión, hubiera sido escondida por el entorno del político. El historiador Daniele Veneruso cree que, «con la barrera ideológica que tenía alrededor, no debe sorprender que nada haya sido revelado hasta ahora». Y el eslavista Vittorio Strada recuerda que, «en la obra de Gramsci, había una religiosidad laica» y que «estaba ausente cualquier frialdad ateística». También para Giancarlo Lehner, autor de un reciente libro sobre La familia Gramsci en Rusia, aunque no existe «prueba irrefutable, para mí, no sería una sorpresa que Gramsci hubiese abrazado, no digo en su muerte, sino en la última fase de su vida, la fe católica. Como atestiguan las fuentes, recuperó, poco a poco, todos los grandes valores [que él combatió] de la tradición cristiana y católica; en primer lugar, la familia; después, la amistad, y, por fin, la sollidaridad y el valor de la verdad».
Roberto Beretta
Imágen : Gramsci, debajo, en el centro, junto a otros históricos comunistas (de izquierda a derecha, y de arriba a abajo): Stalin (URSS), Trotsky (URSS), Mao (China) y Tito (Yugoslavia)