lfa & Omega, 26/06/07 - Cada segundo, hay un intento de suicidio en el mundo. Ésta es hoy la cuarta causa de muerte, a nivel mundial entre los 15 y los 44 años. En la Organización Mundial de la Salud ha saltado la voz de alarma, y una preocupación sorda se extiende poco a poco. Ante estas realidades, el Capítulo de Bioética, de la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia (AEDOS) dedicó su XI Seminario, el pasado 9 de junio, a la Etiología del suicidio.
El suicidio «no es más que el resultado final de un proceso muy largo y complejo, en el que intervienen muchos factores», explica don Javier Cabanyes, profesor de Psicopatología de la Universidad Complutense. No se puede descartar una serie de elementos biológicos que predispongan a él o lo precipiten. El individuo tiene tres facetas: la física, la psíquica y la social -apunta el psiquiatra don Javier Cardona-, y todas pueden estar relacionadas con el suicidio. El análisis es complejo, por lo que la sociología, la filosofía de la cultura o el Derecho pueden ayudar a comprender esta tragedia.
«Las cifras ponen de manifiesto que la sociedad actual es especialmente vulnerable al suicidio», subraya don Fernando Múgica, profesor de Sociología de la Universidad de Navarra. Múgica hizo una lectura contemporánea de una obra clásica, El suicidio, de Emile Durkheim, para afirmar que los dos tipos de suicidio que mejor describen al actual son el egoísta y el anómico: el primero, causado por un defecto de integración, está relacionado con la falta de amparo de los grupos de pertenencia o de referencia; el segundo, con una regulación defectuosa de los propios deseos, que lleva a que no se perciban sus límites, por lo cual cualquier problema lleva a la frustración.
Don Aquilino Cayuela, profesor de Bioética en la Universidad CEU Cardenal Herrera, de Valencia, glosó los dos prototipos culturales de suicida que se funden hoy. Por un lado, el prototipo romántico del Werther de Goethe, un joven que se deja llevar por los sentimientos hasta el extremo. Por otro, el del pagano que se suicida por orgullo, al ver frustrados sus deseos o sufrir una humillación. Este modelo vuelve del brazo del paganismo. El cristianismo había roto con él, al promover la humildad y la certeza de que, «aunque los proyectos se rompan, detrás está el amor de Dios».
Varios ponentes insistieron en el gran papel que la falta de puntos de referencia trascendentes ha jugado, directa o indirectamente, en el aumento de los suicidios. Ante esto -afirmó el profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense don José Miguel Serrano-, el Derecho no es una herramienta eficaz de disuasión, aunque sí puede castigar a los incitadores y colaboradores. Cardona, que ha trabajado con jóvenes suicidas, destacó el éxito que tiene, frente a las conductas suicidas, la psicoterapia en general y, en concreto, la aplicación de la Teoría del sentido, formulada por el psiquiatra Viktor Frankl, según la cual el dolor se supera si se encuentra un sentido a la vida.
María Martínez López