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A pesar de que la masacre a la que están siendo sometidos los cristianos coptos en Egipto ha ocupado numerosos titulares de medios de todo el mundo, pocos -por no decir ninguno- han entrado a explicar qué caracteriza a los fieles de esta antiquísima Iglesia cristiana, que está en perfecta comunión con el Papa. Por eso, la exposición Otro Egipto: las colecciones coptas del Louvre, que se puede visitar, hasta enero, en el Caixa Forum, de Gerona, es una ocasión impagable para viajar hasta el Egipto de los Padres de la Iglesia, que tanto tiene que ver con lo que hoy está ocurriendo a orillas del Nilo.
Según nos ha legado la tradición, entre los años 40 y 49 después de Cristo, el evangelista san Marcos viajó hasta Egipto para anunciar la muerte y resurrección de Cristo, Aquel que siendo Niño vivió en la tierra de los faraones durante sus primeros años de vida, porque Herodes quería matarlo. Desde entonces, la fe cristiana ha formado parte indisoluble de la historia de Egipto, hasta el punto de que la palabra copto, que define a la Iglesia católica de ese país, proviene del árabe qubt, y significa, precisamente, egipcio, para realzar que las raíces de los cristianos son las más antiguas, las más genuinamente egipcias, de entre todas las culturas y religiones que han desembocado a orillas del Nilo con el correr de los siglos.
Ahora que, por desgracia, los coptos ocupan las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo, por la salvaje persecución que están sufriendo, la Obra Social de La Caixa, en colaboración con el Museo del Louvre, de París, ha presentado la exposición Otro Egipto: las colecciones coptas del Louvre, que se podrá visitar en el CaixaForum de Gerona hasta el 8 de enero de 2012.
La muestra, de extraordinario interés arqueológico, repasa los tres períodos históricos de los cristianos en Egipto -el romano, el bizantino y el musulmán-, a través de piezas propias de la vida religiosa, de la arquitectura y de la vida cotidiana de los antiguos coptos. De ese modo, las telas, tapices, pinturas, cerámicas, juguetes, vestidos o herramientas de uso ordinario se mezclan con los frisos, el mobiliario funerario, papiros o miniaturas con claras referencias religiosas, y crean un completo mosaico de la riquísima cultura copta.
Todos los testimonios históricos señalan que, ya en el siglo II, había seguidores de Jesús en Egipto. Muchos vivían en el desierto como anacoretas o eremitas, y más tarde, cuando estos Padres de la Iglesia empezaron a tener discípulos, se crearon comunidades monacales. Algunas, incluso, comenzaron a seguir reglas de vida para todos los monjes, dando origen a los primeros cenobios. La arquitectura monástica copta se adaptaba a las condiciones geográficas de Egipto, y su contacto permanente con la naturaleza queda reflejado en multitud de detalles de las piezas que recoge la exposición.
Una historia de mártires
Sin embargo, si algo ha marcado la historia de los cristianos coptos ha sido la persecución y el martirio. Primero, en el siglo III, la ira de Diocleciano azotó con tanta violencia a los cristianos de Egipto que decidieron iniciar su calendario, el de la era de los mártires, a partir de la gran persecución que padecieron, y que tuvo lugar en el 284 d.C. Tres siglos después, los árabes ocuparon Egipto, y desde entonces, durante más de 13 siglos, el Islam ha ido cercando tanto a los cristianos, que hoy tan sólo son el 10% de la población. No ha ayudado la debilidad interna de las comunidades, que han pasado por varios cismas y que se separaron de la Iglesia católica en el siglo V para, finalmente, volver a la comunión con la sucesión apostólica. De hecho, hoy, la copta está reconocida como una Iglesia oriental sui iuris, es decir, autónoma pero con plena adhesión al Papa.
La riqueza artística que recoge la muestra del CaixaForum es la expresión más antigua y, tal vez, epidérmica, de una civilización que ha sabido sobreponerse al correr de los siglos, a la persecución y al martirio, que ha mantenido la belleza de su liturgia y de sus tradiciones, porque hunde sus raíces en el amor a Cristo. Aquel Niño que vivió sus primeros años en esas tierras; Aquel Resucitado que, porque vive para siempre, nunca las ha abandonado.
José Antonio Méndez
Imágen : Relato del milagro de sant Jorge. Monasterio Blanco de Sohang (siglos XI-XII)