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Alfa & Omega, 16/07/08 - Santa Mónica no fue la única madre que lloró por el alejamiento de la Iglesia de su hijo. A lo largo de la Historia y también hoy en día es común encontrar familias cristianas con hijos que no quieren saber nada de la fe. La Asociación de Madres Cristianas al estilo de Santa Mónica, extendida por varios países de Europa, América y Asia, está compuesta por madres cuyo nexo es la oración por la conversión de sus hijos
El grupo de mujeres de la Asociación de Madres Cristianas
al estilo de Santa Mónica «Mamá, es una pena. Cuando se termine tu generación, no va a ir nadie a la iglesia». Son palabras de un joven de 30 años a Paula, su madre. De pequeño, estaba muy comprometido en su parroquia, pero desde que comenzó la Universidad dejó de ir, perdió la fe. Este chico tiene algo en común con san Agustín. Ambos, de pequeños, pertenecían a la Iglesia. Cuando dejaron de ser niños, y en plena juventud se adentraron en el mundo de los estudios superiores, se alejaron. San Agustín, como todo hombre, deseaba ser feliz, pero erró en el camino. Y no sólo anhelaba la felicidad, sino que también buscaba la verdad. Estuvo con los maniqueos, con los escépticos y neoplatónicos..., hasta que terminó de oyente de san Ambrosio. Desde entonces empezó un proceso de conversión. Descubrió, tras un largo tormento interior, que el sentido último de su vida y de la historia humana era Cristo. Se bautizó, renunció al matrimonio, y a todas las cosas de la vida como los honores y las riquezas.
Santa Mónica, madre de san Agustín, sufrió mucho por los 15 años que estuvo su hijo alejado de la Iglesia, cometiendo toda clase de barbaridades. Sin embargo, ella no se desesperó. Le acompañó en todo momento, le reprochó sus errores y le aconsejó sobre la vida. Su amor maternal, su constancia, su fe... destacaron en su vida, en cada instante.
Paula forma parte, desde hace unos 8 años, de la Asociación de Madres Cristianas al estilo de Santa Mónica, asociación creada en 1982 por el padre Lorenzo Infante, agustino recoleto, en la parroquia de santa Rita, de Madrid. El 6 de noviembre de 1987, fue reconocida canónicamente como asociación pública de fieles en la archidiócesis de Madrid. El objetivo: formar madres cuya fe les mueve a desear la fe para sus hijos. Tienen como modelo a santa Mónica. Rezan todos los días por sus hijos, y cada siete madres, forman un coro. Cada una se compromete a rezar un día de la semana por todos sus hijos. Y el 27 de cada mes celebran juntas la Eucaristía.
«La oración por mis hijos es constante, me ayuda a mantenerme viva y a no olvidarme de mis hijos. Es una necesidad básica para su fe, porque es lo fundamental de nuestra vida. De lo contrario, nuestra vida no tendría sentido. Es una acción muy pequeña, pero une. La fe es lo mejor que se puede transmitir. Con la oración, se ve que no estás sola en esto», testimonia Fidela, una joven madre de dos niñas de 10 y 3 años que reza junto a su marido.
El poder de la oración
«No lo puedo explicar. Pero estoy mucho más tranquila, más cerca de Dios. No lo veo, pero lo siento. Para mí es todo. Si me faltara Dios, santa Mónica y san Agustín, no podría vivir. Con ellos, siento paz interior», cuenta Paula que lleva 22 años viuda. Dice que desde que pertenece a la Asociación y hace la oración por la conversión de su hijo, siente que el Señor le dice: «Hija, no estás sola, Yo estoy contigo». Ahora Paula se siente feliz y puede afirmar que «esa pena que tenía ahí ha desparecido. Estoy casi sola, pero tengo a Dios y no me falta nada. Hay que vivirlo, no contarlo. Dios tiene muchos detalles conmigo, le siento constantemente, veo su mano en todo». Paula sufre porque su hijo ya no cree, pero ella no se rinde e imita a santa Mónica en su tesón, cualidad que admira en ella. «Dios conoce el corazón de cada persona. La semilla está sembrada y estoy segura de que germinará. La oración hace milagros. Si no es hoy, será mañana. Hay que rezar», explica.
Paula ha creado 17 coros, y Mari Carmen 4. Y es que ambas saben que la oración es eficaz, y, como le ocurrió a santa Mónica, su oración será escuchada. «Si hay fe y oración, Dios no nos va a dejar», cuenta Mari Carmen. Ella tiene 2 hijos, un chico de 34 años y una joven de 28. Vive en San Fernando de Henares, y pertenece a un coro porque -como explica ella- «la gente joven tiene abandonada la fe por la sociedad de consumo, y hay que rezar por ellos». Añade que sus hijos, como otros muchos, se han educado en familias cristianas, pero, al llegar a la adolescencia o a la juventud, su fe se enfría. Por eso, ve esencial esta oración de la Asociación de Madres Cristianas al estilo de Santa Mónica.
Además, asegura que «la fe es lo único que sirve en la vida. Si no fuera por el Señor, no podría soportar muchas cosas. La fe me ayuda a mantenerme. Cuando no se tiene fe, viene un vendaval y se va todo. Si hay fe y oración, Dios no nos va a dejar». Mari Carmen admira la constancia y la paciencia de santa Mónica en la oración por la conversión de su hijo. «La confianza en Dios es lo que más vale», termina diciendo.
María del Pilar Blázquez