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Alfa & Omega, 05/09/08 - Somos Pablo y Elizabeth, estamos casados desde hace 18 años y tenemos dos hijas: Ana, de 16 años, y Teresa, de 15. Hace cinco años partíamos de Argentina para venir a España, debido a una propuesta laboral que era un nuevo desafío profesional para Pablo. Si alguien en ese momento nos hubiera dicho lo que iba a suceder en nuestras vidas en este año, seguramente no nos lo habríamos creído. A esta altura de nuestras vidas, el Señor nos ha sorprendido llamándonos a una nueva aventura en la experiencia de la acogida. Pertenecemos al movimiento de Comunión y Liberación, y el año pasado, durante los Ejercicios espirituales, don Julián Carrón nos recordaba, entre otras cosas: «¿De qué sirve la vida sino para darla? La ley de la vida es el don de nosotros mismos. Ve, vende todo lo que tienes y sígueme. Esta frase fue un eco constante en nosotros y fue determinante para dar nuestra disponibilidad a la acogida.
Nuestra pertenencia a Cristo y a la Iglesia coincide con la pertenencia a la comunidad de CyL de la cual formamos parte. Luego quedamos tocados con otras dos obras: Familias para la acogida y una obra llamada La cometa, en Italia, que son cuatro matrimonios que viven juntos y tienen 40 hijos entre propios y acogidos. Todo partió de un Sí a un niño seropositivo, y hoy es una obra extraordinaria. El encuentro con estas personas nos hizo pensar en que esta llamada te puede llegar también a ti sin que te lo imagines o planees.
Desde el principio, al conocer estas realidades quedamos impactados frente a personas que parecen extraordinarias. Fue entonces cuando pensamos la posibilidad de ofrecer nuestra disponibilidad, pero siempre dices: Esto no es para mí, es para otros que son mejores, más capaces, más santos que yo. Antes del verano pasado, a través de Familias para la acogida, habíamos recibido un pedido para acoger a un niño ciego y con una hemiparesia izquierda. Al volver de Italia el año pasado, y aún impactados por la experiencia de La cometa, no pudimos dejar de poner en juego nuestra libertad, por lo que decidimos hablar con Familias para la acogida para que nos orientaran. Es importante comentar que gran parte de nuestro noviazgo y matrimonio sucedió en la relación con discapacitados y enfermos de un Cottolengo, en Argentina, fundado en 1935 por el hoy Beato Luis Orione. Allí fuimos voluntarios durante unos años, e incluso nos casamos en ese sitio para que nuestros amigos discapacitados pudieran asistir. Desde el primer momento tuvimos muy claro que se trataba de una llamada del Señor a acoger a este niño discapacitado, porque los signos que surgían nos remitían a nuestra experiencia en el Cottolengo, y esto correspondía con el deseo que teníamos en nuestro corazón. También fue decisiva para nuestra respuesta el Sí sincero, feliz y entusiasmado de nuestras hijas, Ana y Teresa.
Un regalo para nuestra familia
Inmediatamente, Familias para la acogida nos puso en contacto con la Comunidad de Madrid y comenzamos los trámites de idoneidad. ¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando nos enteramos de que el niño se llama Luis, como Don Giussani, fundador de Comunión y Liberación, y como Don Orione, fundador del Cottolengo! Vimos esto como una expresión más de misericordia hacia nuestro deseo de ver con más claridad la llamada del Señor a nuestra disponibilidad.
Hace ya cuatro meses que Luis está con nosotros, y podemos dar certeza de que, si bien es bueno para él el hecho de tener una familia, él es sobre todo un bien para nosotros, pues aun con su minusvalía se hace evidente la presencia del misterio de Dios en esta acogida. Ver la alegría de Luis y todo el esfuerzo que hace para mejorar es verificar que estamos hechos para la felicidad. Con este niño hemos podido experimentar en carne propia lo que el Señor nos dice: Aunque tu padre y tu madre te abandonen, yo no te abandonaré. El Señor no abandonó a Luis. En primer lugar, teniendo la madre todas las posibilidades de no tenerlo, siguió adelante con el embarazo, naciendo el 8 de septiembre, día de la Natividad de la Santísima Virgen. Luego, la Comunidad de Madrid lo tuteló y lo confió a la Casa de Belén, donde lo cuidaron con todo cariño. Y ahora nos lo confía a nosotros, como prenda de su amor.
No podemos negar el vértigo que esto nos sigue produciendo, por lo que la actitud más justa es la de la petición, la de la oración. Vemos la desproporción que hay entre nuestras fuerzas y los términos mismos de la propuesta. Pero este camino no podría ser posible sin la compañía de nuestros amigos del movimiento, muchos de los cuales han asumido a este niño como propio, y la de nuestros nuevos amigos de Familias para la acogida. ¡Esto es lo grande de pertenecer a la Iglesia: Cristo presente en hechos y personas concretos!
Estamos felices de que hayamos sido nosotros los elegidos, y estamos viviendo este momento como un regalo, porque, gracias a Luis, estamos aprendiendo que así queremos abrazar toda nuestra realidad. Queremos ahora mirar y abrazar a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestro trabajo, a nuestro tiempo y a todas nuestras relaciones con la misma potencia con que abrazamos y miramos a este niño. El Señor nos prometió la vida eterna cuando respondimos a su pedido: Tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estuve desnudo y me vestiste, solo y me visitaste. Pero podemos testimoniar que, sin ahorrar sacrificio, estamos viviendo el cumplimiento de la promesa que Cristo también nos hizo cuando nos dijo que el que lo siga a Él recibirá el ciento por uno aquí, y también la vida eterna.
Pablo y Elizabeth