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No es casualidad que el Papa haya querido pasar estos días navideños junto a los sencillos. Al día siguiente a la Navidad, invitó al Vaticano a almorzar con él a 350 personas asistidas por las comunidades de las Misioneras de la Caridad en Roma, con ocasión del centenario del nacimiento de la Beata Madre Teresa de Calcuta. En el atrio del Aula Pablo VI, se reunieron también 180 Misioneros y Misioneras de la Caridad, que en esta ocasión no servían la comida, sino que eran servidos como huéspedes distinguidos del Papa.
El almuerzo comenzó a la una de la tarde, en el atrio del Aula Pablo VI. Entre los comensales, se encontraban 350 huéspedes de los diversos Centros de Acogida, junto a unas 180 religiosas y religiosos, entre Misioneras de la Caridad, Hermanos Contemplativos y Sacerdotes Misioneros de la gran Familia fundada por la Madre de los pobres. El Papa dirigió unas cálidas palabras a sus «queridos amigos», los más pobres de Roma, para recordarles que Jesús quiso «ser necesitado». Y les agradeció así su presencia en el Vaticano: «Sabed que el Papa os quiere, os lleva en el corazón, os acoge a todos en un abrazo paterno y reza por vosotros. ¡Felicidades! Y gracias por haber querido compartir la alegría de estos días de fiesta».
A los hijos espirituales de la Madre Teresa de Calcuta les recordó que «la caridad es la fuerza que cambia el mundo, porque Dios es amor». Y presentó a esa menuda mujer de origen albanés como ejemplo concreto de cómo es posible comprender el secreto del cristianismo. La Madre Teresa «supo reconocer en cada uno el rostro de Cristo, a quien ella amaba con todo su ser, dado que al Cristo que adoraba y recibía en la Eucaristía seguía encontrándolo por las calles de la ciudad, hasta llegar a ser imagen viva de Jesús que derrama sobre las heridas del hombre la gracia del amor misericordioso».
A quien se pregunta por qué la Madre Teresa se hizo tan famosa, el Papa ofreció esta respuesta: «Porque vivió de modo humilde y escondido, por amor y en el amor de Dios. Ella misma afirmaba que su mayor premio era amar a Jesús y servirle en los pobres. Su pequeña figura, mientras acariciaba a un enfermo, a un leproso, a un moribundo, a un niño es el signo visible de una existencia transformada por Dios. En la noche del dolor humano, hizo resplandecer la luz del Amor divino y ayudó a tantos corazones a encontrar esa paz que sólo Dios puede dar».
El 5 de enero, a las cinco de la tarde, Vigilia de Reyes Magos, el Papa tiene previsto visitar a niños ingresados en los servicios de pediatría del Hospital Agostino Gemelli, de Roma, y ayudar a repartirles los regalos de Reyes Magos. En esa visita, tiene previsto también bendecir un Centro especializado en la atención de niños con espina bífida.
Jesús Colina. Roma