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La semana pasada, el Papa pudo dar pasos de acercamiento con la Iglesia rusa que cuenta con la abrumadora mayoría en número de fieles dentro de la Ortodoxia: de los 200 millones de ortodoxos en el mundo, más de cien obedecen a este Patriarcado. El 17 de febrero, Benedicto XVI conversó durante 35 minutos, en el Vaticano, con el Presidente de la Federación Rusa, Dimitri Medvedev, segundo encuentro que ambos mantenían, y el primero desde el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, en diciembre de 2009.
Medvedev, fiel a la tradición rusa, que habla de sinfonía entre la autoridad civil y religiosa, se abstuvo de invitar a Benedicto XVI a visitar Rusia, por considerar que la invitación debe contar con el apoyo del patriarca Cirilo I. Las relaciones de Roma con los Presidentes rusos han ido mejorando decididamente desde la histórica audiencia concedida por Juan Pablo II a Mijail Gorbachov, el 1 de diciembre de 1989, entonces Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética. Curiosamente, sin embargo, la Iglesia ortodoxa rusa, en tiempos del anterior Patriarca, Alejo II, nacido en Estonia, se mantuvo sumamente distante ante el primer Papa eslavo de la historia, acusando a la Iglesia católica de hacer proselitismo.
El muro de desconfianza ha comenzado a resquebrajarse tras la elección de Benedicto XVI, cuyo nombramiento fue cálidamente acogido por el Patriarcado, y, sobre todo, tras el nombramiento como Patriarca de Cirilo I, el 1 de febrero de 2009. Si bien es verdad que, desde hace mil años, ningún Papa se ha encontrado con un Patriarca ruso, Cirilo, antes de su elección, había sido recibido por Benedicto XVI en tres ocasiones. Un nuevo encuentro entre dos personas que ya se abrazaron no parece imposible.
Los gestos de acercamiento entre Roma y Moscú han proseguido en estos últimos días. Al día siguiente de la audiencia papal,
Medvedev firmó la orden con la que asignaba al arzobispo Antonio Mennini, hasta hace poco Nuncio apostólico en su país (el primero en los tiempos modernos), el alto honor de la Orden de la Amistad, en reconocimiento a su trabajo por la mejora de relaciones. Al día siguiente, Benedicto XVI nombraba en su sustitución a monseñor Ivan Jurkovic, hasta ahora Nuncio apostólico en Ucrania, uno de los hombres que más han trabajado por el acercamiento entre la Iglesia ortodoxa y la católica. La noticia fue publicada con énfasis al mismo tiempo por la página web del Patriarcado ruso.
Mientras el Papa recibía al presidente Medvedev, el padre Milan Zust, SJ del Consejo Vaticano Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, pronunciaba una conferencia a los estudiantes de posgrado de Teología del Patriarcado de Moscú para presentar la importancia de encuentros y contactos que superen casi mil años de lejanía.
La pregunta que ahora todos se hacen es cuándo se encontrarán el Papa y el Patriarca. Robert Moynihan, fundador y director de la revista Inside the Vatican, considera que el encuentro podría tener lugar en dos años. El arcipreste Nikolaj Balashov, número dos del Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú, es más cauto: «La Iglesia ortodoxa rusa y la Iglesia católica mantienen un régimen de constante comunicación y consultas a diferentes niveles. Y si, en la opinión de ambas, lleva el momento de un encuentro entre los jefes de las dos Iglesias, lo comunicaremos a la comunidad internacional».
Jesús Colina. Roma
Imágen : Benedicto XVI recibe al Presidente de la Federación Rusa, Dimitri Medvedev